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Engañar está en los genes

Unas amebas engañan a sus semejantes para darse a sí mismas más probabilidades de supervivencia frente a sus congéneres.

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Moho del lodo. Foto: Wikimedia Commons.

El engaño, al menos para determinados seres microscópicos, quizás esté en los genes. Un estudio encaminado a estudiar los comportamientos sociales sugiere que ciertos individuos están programados para engañar y con frecuencia lo hacen, saliéndose con la suya.
Los investigadores estudiaban un “moho del lodo” o “moho mucilaginoso”, que está formado por una ameba social (Dictyostelium discoideum) que se ve forzada a cooperar con sus semejantes cuando la comida escasea. El estudio a nivel celular de este organismo puede proporcionar a los científicos pistas sobre cómo influyen los genes en el comportamiento humano.
El equipo internacional encontró que algunas amebas tiene la habilidad de usar tácticas de engaño para obtener así más posibilidades de sobrevivir. Según los investigadores el estudio no sólo demuestra que el engaño es un fenómeno natural dirigido por los genes, sino que además está extendido entre los seres sociales.
Este tipo de ameba se alimenta libremente de bacterias del suelo, pero si la comida escasea se agrega con otras para formar un cuerpo fructífero de unas 100.000 células. Algunas de ellas terminan siendo esporas, mientras que un cuarto de ellas forman un tallo que muere sacrificado para que las esporas sean dispersadas por el viento y vayan a parar a un nuevo lugar más propicio en donde haya alimento. Las esporas germinan después para generar amebas y cerrar así el ciclo.

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Foto de microscopía electrónica en la que se ven los distintos estadios por los que pasa el cuerpo fructífero de Dictyostelium discoideum. Foto: M. J. Grimson y R. L. Blanton, Texas Tech University.

En los trabajos previos estos investigadores se centraron el extraordinario nivel de cooperación que hay entre las células con la esperanza de entender cómo algunas células (las del tallo) llegaban a ese comportamiento tan altruista. Concluyeron que ese acto de generosidad era debido al costo inaceptable de la no cooperación, ya que sin tallo ninguna ameba podría escapar hacia otros lugares donde sobrevivir y todas se malograrían.
Pero en la última investigación han descubierto un complejo y oscuro complot en el que algunas células engañan al sistema haciendo trampas para darse a ellas mismas más probabilidades de sobrevivir. Este juego mortal debe de estar constantemente evolucionando según las células encuentran nuevos y mejores modos de hacer trampas en lo que debe de ser una “carrera de armamentos” evolutiva.
Según Chris Thompson, profesor en la Universidad de Manchester y partícipe en el estudio, el comportamiento social es un problema sin resolver en Biología. ¿Por qué alguien va a ser altruista y entregarse para el beneficio de otro? Thompson afirma que según sus resultados no hay una respuesta simple capaz de explicar las observaciones, pero que varios factores podrían entran en juego.
Una buena analogía según él es cuando un barco se está hundiendo. Si algunas personas tramposas engañan al resto no achicando agua conservarán una energía que les será beneficiosa, pero el proceso de achique requerirá de más tiempo. Lo malo es si no hay suficiente gente achicando agua y el barco finalmente se hunde y todos se ahogan, incluyendo a los tramposos.
Según Thompson lo interesante es notar que el engaño sólo se da en presencia de no tramposos, si los tramposos están rodeados de otros tramposos todos contribuyen en grupo al esfuerzo colectivo, conscientes de que si nadie hace un esfuerzo todos morirán.
Aunque puede ser que tomar un ser tan simple como una ameba como modelo de comportamiento en relaciones humanas sea un poco arriesgado, no hay dudas que este tipo de modelos puede hacernos pensar sobre la sociedad.

Fuentes y referencias:
Nota de prensa de University of Manchester. [1]
Artículo original en Nature (resumen). [2]