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Otro genoma primitivo secuenciado

Un consorcio publicó el genoma del Trichoplax en Nature el pasado 21 de agosto, sorprendiendo a los científicos del ramo con interesantes datos.

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Trichoplax adhaerens. Foto: Ana Signorovitch.

Los placozoos son animal cuyo cuerpo se compone de sólo cuatro tipos de células y no tienen órganos internos estructurados. Son unos de los organismos pluricelulares más primitivos de este planeta. Se parecen más a una mancha que a un animal, tienen un grosor de tres células, un tamaño de unos pocos milímetros y a simple vista recuerdan a una ameba gigante. No tienen sistema nervioso, ni sensorial ni muscular. Tampoco parece que se reproduzcan sexualmente, limitándose a partirse en dos a la hora de perpetuarse. Semejante simplicidad sugiere que son muy primitivos y, por tanto, que sus genes pueden proporcionar pistas sobre la evolución de los primeros animales. Por eso se decidió secuenciar el genoma de una de las especies conocidas de este filo: Trichoplax adhaerens.
Según los resultados publicados recientemente por un consorcio, Trichoplax es uno de los seres pluricelulares con el genoma más pequeño. Contiene secuencias de genes reguladores que también están presentes en otros animales y humanos que definen a este ser como uno de los puntos de bifurcación más tempranos en la evolución animal.
A pesar de las decenas de millones de años de evolución que nos separan de ellos, estos seres comparten un 80% de sus genes con los humanos.
En números el genoma del Trichoplax contiene 98 millones de bases, mientras que el humano contiene 3000 millones. En cuanto al número de genes este genoma se compone de 11.514 genes, mientras que el del ser humano contiene de 20.000 a 25.000. En estudios previos se comprobó que el genoma mitocondrial de este organismo es el doble del de otros organismos animales, pero con intrones y secuencias espaciadoras, como en los organismos más primitivos.
A diferencia de lo que pasa con otros genomas secuenciados correspondientes a moscas de la fruta o gusanos, los genes que este ser comparte con los humanos se disponen incluso de la misma manera que en nosotros.
Las secuencias regulatorias encontradas relacionan este animal con los más primitivos antepasados de las especies animales complejas. Según uno de los científicos involucrados en la investigación, este genoma representaría una “piedra de Roseta” genética.
Algunos expertos creían que debía de ser muy primitivo, quizás la forma de vida viva más primitiva posible. Sin embargo, otros creían que podrían ser descendiente por simplificación de los cnidarianos (medusas e hidras) . La idea detrás de la secuenciación de este genoma era comparar dicho genoma con el de estos otros seres y aclarar así el misterio.
Basándose en el análisis de su genoma, el Trichoplax no es nuestro más remoto antepasado pero casi. Parece que se separó del linaje animal principal justo después que las esponjas y antes que las medusas y los animales con simetría bilateral. Por tanto Trichoplax proviene de todos modos de un linaje muy antiguo y puede proporcionar pistas significativas para poder entender cómo evolucionó la vida animal a partir de un antepasado común hace unos 650 millones de años. Este genoma podría establecer un nuevo estándar basal para analizar comparativamente los genomas de distintas especies y sus procesos biológicos. Comparando su genoma con el de otras especies los expertos podrán encontrar el juego de herramientas moleculares común a todos los animales.
Hay que tener en cuenta que los animales de cuerpo blando casi nunca dejan fósiles y una de las formas de estudiar ese pasado tan remoto es estudiar a los descendientes actuales de las formas primitivas de vida animal que debieron de existir en el pasado. Este genoma será importante para saber cómo se produjo la diversificación animal más temprana en la historia evolutiva de nuestro planeta.
Los placozoos fueron descubiertos en 1880 en el agua salada de un acuario, pero se olvidó su existencia hasta que en los setenta del pasado siglo fueron redescubiertos.
Desde entonces se han hallado en las regiones marinas subtropicales cerca de la costa y particularmente en los manglares. Se sabe muy poco de estas criaturas debido a los escasos estudios que se han realizado sobre ella, quizás a partir de ahora la situación cambie. Un ejemplo de su extraña forma de vivir lo representa su sistema de alimentación. Cuando encuentra un trocito de comida se sitúa sobre ella creando una cavidad, después segrega jugos digestivos compuestos por enzimas y “absorbe” el resultado.

Fuentes y referencias:
Noticia en UC Berkeley. [1]
Noticia en Yale University. [2]
Artículo original en Nature (resumen). [3]