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Imagen para despedir el año

Modestas reflexiones sobre el año que desaparece y el que está por venir tomando a una foto astronómica como excusa.

Foto
Fuentes y referencias: nota de prensa [1], artículo original [2], copia en arXiv. [3]

La Tierra ha completado, una vez más, otra órbita alrededor del Sol. Durante este tiempo NeoFronteras ha intentado cubrir, un año más, noticias del mundo científico. Como no todas pueden ser publicadas algunas se han quedado en el “tintero” y no necesariamente son las menos importantes. Ésta con la que cerramos el año se produjo hace un tiempo y no fue cubierta en su momento, la recupero ahora más por su valor simbólico que científico. Es una excusa para reflexionar o divagar durante un rato, en una licencia que me tomo como administrador del sitio web. Pido de antemano perdón por ello.
Lo que usted, querido y estimado lector, está viendo es una imagen en falso color de un sistema solar, nada menos que cuatro planetas orbitando alrededor de su estrella (en la imagen convenientemente ocultada). Al igual que la Tierra gira alrededor del Sol, podemos observar cómo estos cuatro planetas giran alrededor de la estrella HR 8799. Son planetas gigantes pertenecientes a un sistema solar aún en formación que incluye un cinturón de asteroides y cuyos componentes aún emiten su propia radiación infrarroja. Todavía queda bastante hasta que podamos ver un planeta como la Tierra, otro punto azul pálido suspendido en el espacio solitario e infinito. Espero que todavía estemos por aquí para contarlo cuando ocurra.
Recuerdo que de niño soñaba con que un día veríamos planetas alrededor de otras estrellas. Con un abuso de imaginación e ignorancia, creía reconocer alguno de esos planetas en las compañeras débiles de estrella binarias en las noches oscuras, noches todavía sin contaminación lumínica y derroche energético, de hace, quiero y deseo pensar, no tantos años. La fe permitía imaginar otros mundos, aún invisibles, repartidos por ese cielo tachonado de estrellas. Pero la ciencia todavía no permitía confirmar tal afirmación por falta de pruebas. Ésta es la pega del método científico, pero también el origen de su fuerza.
Esa imagen simboliza la realización de ese sueño, la conquista de una meta que se ha hecho poco a poco, gracias al esfuerzo de muchos científicos e ingenieros que año tras año han dado pequeños pasos. Lo estamos viviendo ahora, en estos tiempos. No hay que dar por sentado logros como éste y otros similares. Este esfuerzo intelectual y cultural (sí, cultural) ya nos permiten afirmar que conocemos la existencia de cientos de otros mundos.
Todos esos mundos giran alrededor de sus estrellas, al igual que la Tierra lo hace alrededor del Sol. La Tierra acaba de completar una vuelta más sobre un punto que es tan arbitrario como cualquier otro y me pregunto, justo en este instante y en muchos otros instantes tan arbitrarios como éste, si hay otros planetas que también tengan vida. Pero esta pregunta aún no puede ser contestada y, lo que es peor, no sabemos cuándo lo podrá ser. La fe en el método científico nos dice que tarde o temprano, dentro de uno, diez, cien o mil años contestaremos esa pregunta, aunque sólo sea parcialmente, pero siempre y cuando consigamos sobrevivir a nuestra propia estulticia.
Esta roca azul, este mundo maravilloso, bello y extraordinario, ha completado otra vuelta, y durante ese tiempo su población, compuesta por individuos desquiciados y seres perplejos, ha hecho muchas y variadas cosas. Entre esos seres perplejos ha habido algunos que han logrado hazañas intelectuales que nos han sorprendido, intrigado, fascinado, hechizado. Logros que han excitado nuestra imaginación. Resultados acerca de la naturaleza del espacio y del tiempo, sobre las cualidades de la materia que compone el Universo, sobre el origen y evolución de la vida en este planeta… Las fronteras actuales no están en los mapas y las tierras ignotas son intelectuales. Estos científicos son los primeros en pisar otros mundos y continentes usando un microscopio, un ordenador, un acelerador de partículas o lápiz y papel en lugar de un velero, pero cruzan igualmente océanos de ignorancia. Suya es la gloria y la satisfacción del deber cumplido.
Otros seres perplejos simplemente hemos contado algunos de esos logros. Son resultados cuyo mero conocimiento nos ha producido ese placer que sólo obtenemos al saciar, aunque sólo sea parcialmente, nuestra ignorancia. Nos han hecho un poco más felices. Porque una de la misiones más importantes del ser humano sobre este mundo es intentar saber más. Nos realizamos a través del conocimiento.
Los humanos somos seres con mucha curiosidad, niños mayores que se preguntan sobre todo lo que les rodea, año tras año, según la Tierra gira alrededor del Sol. Siempre se ha tratado de saber qué somos, de dónde venimos, adonde vamos y de buscar la belleza por el camino. Nuestras mentes son máquinas que elaboran preguntas indefinidamente con una facilidad pasmosa, preguntas que esas mentes necesitan siglos para contestar. Ésta es una hermosa y terrible asimetría.
Pero durante este año, que ya termina, los individuos desquiciados han continuado con su locura y han seguido diciendo que todo fue creado en siete días literales y que la Biología, Paleontología, Geología, Física y Cosmología están equivocadas. Y durante esa misma vuelta de la Tierra alrededor del Sol otros seres desquiciados, ligados a oscuros intereses, han seguido afirmando que el cambio climático no existe o, ante las ya evidencias de lo contrario, que no es culpa del ser humano, sino de la Naturaleza y que no podemos hacer nada para evitarlo.
El fanatismo religioso y político sigue aumentando y secuestra los cerebros de millones de personas en todo el mundo. La batalla contra la irracionalidad está lejos de ser ganada. Nuestro es el deber de propagar el pensamiento crítico.
A lo largo de este año la población humana ha aumentado, los niveles de gases de efecto invernadero han subido aún más, los bosque han menguado, los glaciares retrocedido y muchas especies se han perdido para siempre, extintas para toda la eternidad (si es que algo así como una eternidad se da en nuestro universo).
Durante ese mismo tiempo hemos asistido a desastres naturales y a sus graves consecuencias. Pero también hemos contemplado desde primera fila el espectáculo de la descomposición de un sistema económico podrido por unos pocos privilegiados insaciables con el suficiente egoísmo como para destruirlo en su propio beneficio. Es lo nunca visto en la Naturaleza: unos parásitos que destruyen a su propio anfitrión. Estos individuos compran la voluntad política y social gracias a su desorbitado poder condenando a la pobreza a millones de personas. Son los mismos a los que no les importa destruir una herencia biológica y ecológica de millones de años sólo para atiborrar su insaciable afán de riqueza desmedida. Son los que, nunca ahítos de dinero, extinguen, por ejemplo, varias especies tropicales a cambio de un metro más de eslora en su yate.
Es la misma crisis que ha truncado carreras científicas, menguado presupuestos de investigación y cancelado proyectos.
En este año que ha pasado la democracia ha sido atada un poco más, e incluso el espejismo de libertad, de capacidad de decisión y elección que teníamos casi ha desparecido, dejando a la vista el esqueleto de una superestructura en la que son siempre los mismos los que mandan y ordeñan al rebaño ignorante (a todos nosotros).
No hay intelectuales que alcen la voz, pensadores que señalen con el dedo a la casta de simios desquiciados que nos gobiernan. Ni siquiera hay ya filósofos que lo hagan, quizás están más preocupados por los derechos de autor de sus libros. Unos libros vacuos que nadie leería incluso aunque no estuviéramos inmersos en la actual indigencia intelectual y miseria moral en la que ya casi todos chapoteamos alegre e inconscientemente.
En este año que termina hemos asistido además a los intentos perseverantes e incansables de la casta política, sus dinastías y sus satélites por coartar la libertad de expresión en Internet y el derecho a la intimidad, incluso a costa de la separación de poderes y del estado de derecho. Libertad de expresión que permite la existencia, por ejemplo, de páginas humildes como ésta. Son los mismos políticos que degradan año tras año el sistema educativo a todos los niveles.
La Tierra describirá, una vez más, otra vuelta alrededor del Sol. Está en nuestra mano hacer que cambien las cosas para mejor. Nuestras armas más poderosas son el conocimiento, el pensamiento crítico y la verdad que sólo el método científico nos puede proporcionar. Mostrar esa verdad al ignorante es tarea de todos, es obligación de todos y cada uno de nosotros.
Ya ha pasado un año desde que la Tierra pasara por este mismo punto orbital y todavía no sabemos qué es el tiempo o cuánto de ese tiempo se nos ha concedido a cada uno de nosotros. Pasará un año más y todavía nos preguntaremos sobre muchas otras cosas, sobre nuestra huella en este mundo y sobre el infinitésimo de inmortalidad alcanzado a lo largo de nuestras vidas.
Pasarán muchos más años y algunos habremos ya desaparecido y pasado el testigo a la siguiente generación. En ese futuro, inalcanzable para algunos de los presentes, se escribirá la Historia sobre los tiempos actuales y se nos juzgará tan duramente como nosotros juzgamos el pasado medieval.
El tiempo actual es inaccesible para esos seres futuros. No habrá crononautas que nos ayuden. El presente nos pertenece, es nuestra única y absoluta responsabilidad. Ese mismo presente que se escapa instante a instante, como arena entre los dedos, y pasa a ser ese pasado inamovible que nos aplasta. Merece la pena alimentar la ilusión o esperanza de que a través de este presente podemos modificar un poco el futuro. Ese futuro que todavía está por crear.
Espero que todos nosotros tengamos la suficiente sabiduría como para administrar el tiempo que está por venir y que sepamos exprimirlo para obtener un poco de felicidad, que adquiramos un poco más de conocimiento y que consigamos imaginar y soñar mejor de lo que lo hacemos ahora; ese “ahora”, ese instante, que ya se ha escapado.

¡Feliz año nuevo!




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