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Confirman la extinción en cascada horizontal

Área: Ecología,Medio ambiente — Domingo, 15 de noviembre de 2015

Eliminar un depredador de un ecosistema conlleva la extinción de otros depredadores.

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Los experimentos en ecología son difíciles de realizar. Normalmente no se dispone de un parque nacional africano para ver qué pasa cuando se efectúan cambios en el ecosistema.
Sin embargo, aunque sea difícil, es posible realizar experimentos de ecología con animales pequeños de rápida sucesión generacional en espacios confinados.
Desgraciadamente, muchas veces los cambios los introduce el ser humano en los ecosistemas reales, como en esos parques nacionales, tienen consecuencias nefastas. Así por ejemplo, los furtivos ya han eliminado muchas especies animales de grandes partes de África.
Pero a esta ‘anécdota’ se le suma la deforestación, la contaminación, la destrucción del medio…
Parece que no somos capaces de recuperar al lince ibérico, por ejemplo, pese a los esfuerzos realizados. A veces da la impresión de que los depredadores son los más sensibles a la extinción.
Un ecosistema está compuesta por una red compleja de muchas especies que están relacionadas de varias maneras (no solamente en relación a la red trófica) de tal modo que eliminar una especie conlleva la extinción de otras.
Esto es fácil de ver de cuando la dependencia es directa. Así, si eliminamos las gacelas los leopardos morirán todos de hambre.
Lo que no parece tan intuitivo es que eliminar un depredador conlleva la extinción de otros depredadores.
Esto es precisamente lo que ha confirmado experimentalmente un grupo de investigadores de la Universidad de Exeter. Es lo que se conoce como extinción en cascada horizontal. Así, la extinción de un carnívoro provoca la extinción de otros carnívoros.
El mensaje parece claro de cara a los esfuerzos de conservación. En lugar de centrase en una sola especie, estos investigadores sugieren que se adopte una aproximación hacia todo el ecosistema en la que se tenga en cuenta a otros depredadores.

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Frank van Veen, Dirk Sanders y Rachel Kehoe situaron 40 jaulas de 4 metros cuadrados en el exterior durante una primavera y verano para observar las complejas redes tróficas en las que participaban los insectos. Las poblaciones consistían en varias especies de pulgones y las correspondientes especies de avispas que los depredan.
Descubrieron que eliminando una de las especies de avispas se incrementaban las tasas de extinción de otras especies de avispas.
El efecto que se trasmitía a través de cambios en la densidad de las especies de pulgones. Una vez que una especie de avispa era eliminada, la especie de pulgón que era su presa favorita comenzaba a aumentar en número, haciendo difícil la vida a las restantes especies de pulgones hasta que al final alguna de ellas se extinguía, lo que también hacía desaparecer a su vez a su avispa depredadora.
Normalmente se usan aproximaciones teóricas para estudiar este efecto, así que este experimento es de los pocos que ha permitido estudiar la extinción en cascada horizontal.
Este tipo de extinciones son una de las mayores amenazas para biodiversidad, pero normalmente no es fácil recolectar datos de campo al respecto.
Gracias a este estudio es posible ahora saber que este tipo de eventos suceden realmente y, por tanto, nos proporciona una mejor comprensión de los ecosistemas que nos ayude a predecir qué pasará si hay cambios en ellos.
Así por ejemplo, si queremos proteger una especie de carnívoro, quizás sea necesario proteger a otros depredadores de su ecosistema también.

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Fuentes y referencias:
Artículo original
Fotos: University of Exeter.

Salvo que se exprese lo contrario esta obra está bajo una licencia Creative Commons.
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3 Comentarios

  1. petrus:

    Se comenta mucho sobre extinciones y sucesos o causas asociados a ellas. La mayor catástrofe natural que he conocido creo que fue la aparición de la mixomatosis en los conejos. Vivía entonces en un medio rural de Cataluña , y la muerte se extendió de manera atroz, modificando el entorno, antes lleno de vida , en algo muerto.
    Me pregunto si algunas especies relacionadas con el conejo, incluidos los linces, han podido recuperarse del todo de esa peste. Opino que no. Lo digo porque aquellos campos ya nunca han tenido la población de conejos que conocí, ni muchísimo menos, ni de zorros, ni rapaces …

  2. tomás:

    Efectivamente, amigo “petrus”. Todo parece concluir que la desaparición de una especie y diría que la degradación de un ambiente es más fácil, mientras que su recuperación resulta, muchas veces imposible. Parece que también aquí la entropía ejerce su poderoso principio.

  3. Miguel Ángel:

    Querido amigo “petrus”:

    No recuerdo si fueron los fenicios o los cartagineses los que llamaron a nuestro país “Isdamania” (tierra de damanes), ante la abundancia de conejos que confundieron con los damanes del desierto.
    Lo que no tengo tan claro es que haya supuesto tanta merma en la población de zorros: como hombre de campo que dices que eres, ya sabes que los zorros se las apañan muy bien viviendo en las inmediaciones de los pueblos y aprovechando nuestra basura y nuestros recursos. Su cautela y su dieta ampliamente omnívora también les favorecen: pueden comer fruta, insectos, roedores, carroña, basura… prácticamente de todo.
    En cambio, la dieta de los linces está compuesta por conejos en un 90% y por eso se han visto mucho más afectados.
    Por otra parte, actualmente vivo por el centro de La Mancha y te puedo asegurar que hay muchos conejos: muchas veces me basta alejarme un par de kilómetros del pueblo en bicicleta y en cosa de media hora (y según la época) he llegado a ver en torno a una veintena. Perdices también veo bastantes, aunque menos que conejos. Ahora bien, no lo puedo comparar con la abundancia del pasado porque solo llevo unos 12 años por aquí.
    También veo bastantes rapaces: águilas, ratoneros y muchos milanos. Muchas veces están cerca de las carreteras, aprovechando los animales que atropellamos con los coches, hasta tal punto que estuvieron comentando en “El escarabajo verde” que algunas parejas de milanos ya instalan su nido y su territorio de caza al lado de zonas de carreteras especialmente fatídicas para gatos, perros, etc. Cuando paso por ese tipo de zonas se mezcla la ilusión por verlos con el miedo a atropellarlos: el año pasado atropellé a una lechuza mientras íbamos a una urgencia y me llevé tal disgusto que la enfermera me acabó diciendo que parecía más preocupado por la lechuza que por el paciente al que íbamos a visitar…le tuve que dar la razón y traté de justificarlo diciendo que consideraba más desvalida a la lechuza y que, además, al paciente lo íbamos a ayudar, pero a la lechuza me la había cargado yo.
    En lo que estoy seguro de que estamos de acuerdo es que no tenemos derecho a dejar a nuestros descendientes sin toda esta biodiversidad, aunque solo fuese por privarles de la emoción que yo mismo siento cuando los veo, pero ahy mil razones más. Así que, con estas noticias algo más optimistas, te mando un fuerte abrazo.

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