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El papa advierte a los científicos

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El sábado pasado el papa Benedicto, en la inauguración del año académico de la Universidad Pontifica Lateranense, envió a la comunidad científica allí reunida y por extensión a la del resto del mundo, un mensaje de advertencia. Según él creyendo sólo en la “inteligencia artificial” y la tecnología los científicos corren el riesgo tener el mismo destino que el mítico Ícaro que voló demasiado cerca del sol.
En la mitología griega, Ícaro es hijo del arquitecto Dédalo, constructor del laberinto de Creta. Fue encarcelado junto a él en una torre de Creta por el rey de la isla, Minos. Dédalo se puso a trabajar para fabricar alas para él y su joven hijo Ícaro. Enlazó plumas entre sí y aseguró las más grandes con hilo y las más pequeñas con cera. Cuando ambos estuvieron preparados para volar, Dédalo advirtió a Ícaro que no volase demasiado alto porque el calor del sol derretiría la cera. Pasaron Samos, Delos y Lebintos, y entonces el muchacho comenzó a ascender. El ardiente sol ablandó la cera que mantenía unidas las plumas y éstas se despegaron. Ícaro agitó sus brazos, pero no quedaban suficientes plumas para sostenerlo en el aire y cayó al mar.
Este mito pertenece a los varios existentes sobre el castigo que los dioses deparan a aquellos que osan seguir el camino “erroneo”. Como éste tenemos el mito de Prometeo que robó el fuego a los dioses, el árbol de la ciencia del bien y del mal del Génesis, Frankenstein de Mary Shelley, así como otras novelas y películas en tiempos más modernos, entre las cuales “Parque Jurásico” representó un éxito de público.
Según el papa “la vida contemporánea otorga un puesto de honor a una inteligencia artificial esclavizada a las técnicas experimentales, y por tanto olvidando que toda ciencia debe salvaguardar la humanidad y promover su tendencia a la autentica divinidad.
El papa fue profesor de teología y un defensor de los dogmas del Vaticano antes de ser elegido papa el año pasado. En el pasado ha manifestado su preocupación sobre ciertas áreas de investigación. Como su predecesor está en contra de la investigación sobre células madre obtenidas de embriones, que según los investigadores del campo representa una gran promesa (y casi única) para la curación de enfermedades degenerativas, paraplejias, diabetes,… El Vaticano se opone a este tipo de técnicas porque según ellos la vida humana comienza en el mismo momento de la concepción.
El papa, recordando la historia de Ícaro, intenta exponer el castigo reservado a los que vuelan demasiado alto. Según él “permitir el dejarse seducir por los descubrimientos sin prestar atención a los criterios de una visión más profunda puede desembocar en un drama como el mito que he mencionado.
Ratzinger fue desde 1981, en que Juan Pablo II lo nombró, Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe (antigua Inquisición), cargo que le renovó de forma indefinida. Fue la mano derecha del anterior Pontífice y compartía con Wojtyla su acérrima defensa del dogma y la ultraortodoxia católica aunque no su carisma. Recientemente despidió al jesuita George Coyne, director del observatorio astronómico del Vaticano durante 28 años, después de que éste diera unas clases sobre evolución en las cuales cuestionaba la política supuestamente favorable de la actual iglesia hacia el “diseño inteligente”.
Según los portavoces católicos el actual papa sólo “apoya el debate” sobre evolución. Este acto vino precedido el año pasado por un artículo de Christoph Schonborn publicado en The New York Times en el que apoyaba el diseño inteligente. Christoph Schonborn, que fue además uno de los artífices del catecismo de 1992, ha afirmado que el darwinismo es incompatible con la Iglesia Católica y que la evolución ha terminado siendo una ideología ateísta.
Todos estos hechos han aumentado la preocupación de que el Vaticano haya cambiado de algún modo de rumbo en su tolerancia de la teoría científica de la evolución. Ya el año pasado un grupo de biólogos mandaron una carta abierta al pontífice sobre la preocupación de una posible involución en la iglesia católica.
Las relaciones entre la iglesia católica y la ciencia han sido difíciles en el pasado, casos como el de Galileo Galilei, fundador del método científico, así lo atestiguan.

En NeoFronteras: Diseño inteligente. [1]