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De momento, sin éxito en TRAPPIST-1

El telescopio James Webb no logra detectar una atmósfera en TRAPPIST-1b.

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El descubrimiento del sistema planetario TRAPPIST-1 excitó la imaginación de mucha gente. Este sistema consta de una enana roja alrededor de la cual giran en sincronía siete planetas, varios en la zona de habitabilidad de la estrella.

Además, este sistema se encuentra a solo 40 años luz de nosotros y su estrella es más vieja que el Sol, por lo que una posible vida que hubiera aparecido habría tenido mucho tiempo para evolucionar. El sistema sería un escenario único para estudiar cómo surgen las condiciones ambientales en los planetas y ver cómo pueden volverse adecuadas para la vida.

Ahora se acaban de publicar lo resultados de la observación realizada con el Telescopio Espacial James Webb (JWST) de TRAPPIST-1b, que es el planeta más interior del sistema. Según los resultados, este planeta no tiene atmósfera. Esto no es tan extraño porque, precisamente este planeta está fuera de la zona de habitabilidad y en concreto sería el más caliente de todos ellos al estar muy cerca. Estaría sujeto a fuertes vientos solares.

El gran problema o misterio de las enanas rojas es si alrededor de ellas pueden surgir planetas que contengan vida. Estas estrellas tienen infancias turbulentas con grandes tormentas solares que podrían barrer las posibles atmósferas planetarias que se encuentren cerca. El problema es que la zona de habitabilidad de estas estrellas está muy cerca de ellas, por lo que existe la posibilidad de que no haya vida en estos cuerpos. Tampoco sabemos si una vez pasado el periodo inicial de gran actividad un planeta de suficiente tamaño puede, de alguna manera, regenerar su atmósfera. Para complicar las cosas, las fuerzas de marea harán que muchos o todos los planetas en la zona de habitabilidad enfrenten siempre la misma cara a su estrella.

Estudios previos realizados con los telescopios espaciales Hubble y Spitzer, en los que se utilizó una técnica diferente a la de este resultado, mostraron que se descartó la existencia de una atmósfera de hidrógeno hinchada en TRAPPIST-1b. Pero los investigadores no pudieron descartar si tenía una atmósfera densa, como la que pudo haber tenido la Tierra hace miles de millones de años.

En este caso, para buscar la atmósfera de TRAPPIST-1b, Thomas Greene (Centro de Investigación Ames de la NASA) y colaboradores orientaron el telescopio JWST en noviembre y diciembre hacia este objetivo y midieron la luz infrarroja total y trataron de deducir la emitida por el planeta.

Observaron en longitudes de onda de luz del infrarrojo medio para ver si cambiaba esa radiación a medida que TRAPPIST-1b se movía detrás de la estrella. Al medir el brillo de la estrella y el planeta juntos en comparación con el de la estrella sola, los astrónomos pudieron calcular cuánto procedía del planeta.

Si TRAPPIST-1b tuviera una atmósfera, la energía absorbida de la estrella en forma de calor habría recirculado y habría aparecido menos brillante de lo que midieron. Así que la conclusión es que no tiene atmósfera. Tampoco han logrado encontrar lineas espectrales de dióxido de carbono.

Aunque el hallazgo puede sonar decepcionante, los científicos dicen que el trabajo muestra las capacidades del JWST y abre la puerta a más resultados del sistema TRAPPIST-1.

Seguramente vendrán más descubrimientos sobre este sistema, sean negativos o positivos. Otros equipos de investigación han estado utilizando JWST para estudiar este y otros planetas del sistema. Esto incluye a TRAPPIST-1c, que es vecino de TRAPPIST-1b. Este planeta está lo suficientemente cerca de su estrella como para que JWST estudie su brillo. Se esperan publicaciones al respecto.

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Fuentes y referencias:
Artículo original. [2]
Ilustración: NASA/R. Hurt/T. Pyle.