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¿Cebo envenenado en plantas carnívoras?

Área: Biología — lunes, 4 de diciembre de 2023

El néctar de ciertas plantas carnívoras podrían contener compuestos neurotóxicos que facilitaran la caída de los insectos en la trampa.

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Las plantas carnívoras son siempre fascinantes, pues nos excitan la imaginación y podemos pensar en lo que pasaría si fueran mucho más grandes. Esto es algo que ya se exploró en alguna película de serie B del pasado.

En todo caso, las plantas carnívoras son un prodigio de adaptación a un medio en el que escasean los nutrientes. Un caso lo constituyen las plantas jarros del del género Nepenthes. Hay muy poco nitrógeno en los suelos del Sudeste Asiático y Australia donde crecen. Así que este elemento lo obtienen de la carne disuelta de pequeños animales, en su mayoría insectos, que se deslizan al interior de sus trampas. Los insectos se sitúan en el borde atraídos por el néctar y el color y desde ahí se resbalan hasta caer en la disolución digestiva del interior.

Un nuevo estudio sugiere por qué Nepenthes es tan eficaz para atrapar a sus víctimas. Según este estudio, el néctar que produce contiene una potente neurotoxina que podría hacerles perder el equilibrio cuando están en el borde. Si se confirma, sería el primer ejemplo conocido de néctar que actúa como señuelo y veneno a la vez.

El fitoquímico Sabulal Baby (Instituto de Investigación y Jardín Botánico Tropical Jawaharlal Nehru) y sus colaboradores habían descubierto previamente que los bordes de la planta carnívora india Nepenthes khasiana son fluorescentes y que las trampas recién abiertas emiten dióxido de carbono, características que atraen a los insectos. Como sabían que las plantas también producen néctar sobre y alrededor de sus trampas decidieron estudiar el caso.

En otras plantas el néctar extrafloral está diseñado solamente para atraer a los insectos. Así, por ejemplo, el alto contenido de azúcar del néctar atrae a las hormigas y la presencia de estas ahuyenta a los herbívoros, por lo que la planta se beneficia.

Cuando el grupo de Sabulal Baby analizó el néctar de N. khasiana y de varias otras plantas carnívoras, encontraron la presencia de isoshinanolona. Este compuesto interfiere con la actividad de una enzima llamada acetilcolinesterasa, que previene la acumulación del neurotransmisor acetilcolina entre las neuronas. La presencia en animales de demasiada acetilcolina provoca calambres musculares, debilidad, visión borrosa y parálisis.

Analizando las hormigas que habían caído dentro y las que no, pudieron inferir la presencia de este mecanismos de la acetilcolina. Esto indicaría que el néctar alteraría la locomoción de los insectos, los haría temporalmente torpes y, por tanto, más propensos a caer en una jarra.

Aunque la transacción no tiene que ser tan desigual como aparenta, pues muchas hormigas obreras pueden llevar azúcar, que es un recurso importante, al hormiguero y el precio a pagar sería unas pocas obreras menos.

Obviamente, aunque es plausible que el néctar contenga sustancias que droguen a las víctimas, se necesitan pruebas más claras de que la toxina se origina en el néctar y que esta explica bien las caídas en la trampa. Al fin y al cabo, los datos proporcionados son circunstanciales y nadie ha informado aún de dificultades en los movimientos de insectos que hayan bebido néctar de este tipo de plantas.

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Fuentes y referencias:
Preprint en ArXiv.
Foto: JeremiahsCPs / Wikipedia.

Salvo que se exprese lo contrario esta obra está bajo una licencia Creative Commons.
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1 Comentario

  1. tomás:

    Cual cuento de terror. Las plantas carnívoras me recuerdan las mujeres. Atraen, son venenosas…
    Ayer, en el supermercado, comentaba con una cajera con la que me llevo bien que las mujeres nos tienen acongojados -léase correctamente-, y me dijo: «pues espérate».
    Temblé.

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