ESPECIALES

Moral animal

Área: General — mayo 10, 2013

Investigaciones recientes sugieren que una moral sencilla de origen biológico aparecería evolutivamente a lo largo de millones de años para fomentar la sociabilidad. Esta moral estaría preinstalada al nacer en los cerebros de animales superiores, incluyendo el hombre.

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El ser humano suele creer que él es el único ser con una moral. Los animales, bajo este punto de vista, no la tendrían.
La moral humana es compleja y de ella forman parte muchos aspectos, la mayoría de los cuales tendrían un origen cultural. Obviamente ha habido una evolución histórica en este asunto. Lo que está bien y lo que está mal no tiene por qué coincidir en el código de Hamurabi y en la Constitución de los EEUU.
Incluso creyendo que el ser humano es el único animal con pensamiento moral, cabe pensar que ésta no tiene por qué ser un producto puramente cultural insertado en esa supuesta tabula rasa que algunos propusieron en el pasado, sino que puede tener también un substrato biológico que ha sufrido una evolución darwiniana al igual que otros aspectos, tanto fisiológicos como psicológicos.
Algunos expertos sugieren que, de la misma manera que hay una gramática simple ya precargada en el cerebro cuando nacemos y luego se construye sobre ella culturalmente nuestra lengua materna, habría también una moral universal ya precargada en el cerebro y las normas sociales, leyes, religiones y otros aditamentos culturales se instalarían se desarrollarían a partir de ella.
El ser humano es un ser social que necesita cooperar con los demás. En nuestro pasado se seleccionaron evolutivamente los rasgos que fomentaban esa cooperación. Esos rasgos tienen que ver tanto con el comportamiento correcto de un individuo en cuestión como con el fomento de la persuasión de la cooperación por parte de ese individuo sobre los demás.
Frans de Waal (Emory University) propone que la moral está basada en dos pilares básicos: la empatía y la reciprocidad. O lo que es lo mismo, está basada en la compasión y en el sentido de justicia. Tanto la compasión como el sentido de justicia fomentan la cooperación y éxito del ser humano como especie.
Los paleoantropólogos a veces encuentran restos humanos en cuevas prehistóricas. Algunos de esos huesos muestran señales de haberse roto y de haberse soldado posteriormente en vida. Eso significaría que esos humanos heridos, que no podían cazar, recibieron cuidados de otros humanos hasta que se encontraron bien. Obviamente ya había en esa época cierta empatía.
Nada mejor para ilustrar el sentido de justicia que el juego del ultimátum*. Pese a que el proponente da algo a la otra persona, ésta puede rechazarlo (e irse a casa sin ese dinero que era gratis) si cree que el reparto es injusto. No es el único ejemplo de juego en el que algún jugador paga por castigar a otros jugadores que no participan de manera justa. Este tipo de conducta está grabada en nuestros cerebros. Con aparatos de resonancia magnética nuclear se puede apreciar que cuando castigamos a un aprovechado activamos los centros del placer y recompensa. Tener sentido de la justicia y aplicar correctivos fue esencial para fomentar la cooperación entre nuestros antepasados.
Pero no podemos viajar al pasado y ver cómo fueron seleccionados evolutivamente estos rasgos en el ser humano. En este punto podríamos pensar que sólo lo podemos creer o no. Pero lo interesante es que no hace falta. Hay otros primates que exhiben comportamiento moral.
En un experimento con chimpancés se suministra a uno de ellos un conjunto de fichas de color rojo y verde. Si el chimpancé da una ficha roja al cuidador entonces recibe comida. Si le da una ficha verde recibe la misma cantidad de comida tanto él, como el compañero chimpancé de la jaula de al lado. Los investigadores descubrieron que el chimpancé prefiere dar la ficha verde en lugar de la roja. Así que hay cierto sentido de empatía en este comportamiento. Pero si el compañero presiona y le escupe agua o arma barullo entonces el primer chimpancé elige fichas rojas, supuestamente para castigar el mal comportamiento del vecino.
Pero quizás el experimento más bonito de ver es el de los monos capuchinos a los que se les paga con un trozo de pepino o con una uva por realizar una determinada tarea. También se juega en pareja. La clave está en que la uva es una recompensa mucho más atractiva que el trozo de pepino para un mono (y para un humano). Los dos monos capuchinos están en jaulas separadas, pero se pueden ver el uno al otro.
Según los monos realizan la actividad y reciben su recompensa por igual, sea pepino o uvas, todo marcha sin incidentes. Sin embargo, cuando uno de ellos recibe un trozo de pepino y ve que el otro recibe la uva entonces el primero monta en cólera. Nada mejor que ver el vídeo:

Lo interesante es que el que recibe el pepino lo muerde y, en un principio, le sabe estupendamente, todo cambia cuando ve como el otro recibe la uva, entonces el trozo de pepino se transforma en algo asqueroso súbitamente.
Algunos filósofos (según Frans de Waal a filósofos, economistas y antropólogos no les gusta el resultado de este experimento) han cuestionado este experimento y sostienen que no es prueba de la presencia de sentido de justicia en animales. Lo sería, dicen, si el que recibe la uvas se negara a recibirlas hasta que el otro también recibiera uvas. Pues bien, eso es precisamente lo que pasa con chimpancés cuando se realiza el mismo experimento.
Los chimpancés juegan al juego del ultimátum de la misma manera que los humanos y con resultados parecidos: dando casi la mitad del botín al otro. También se ha podido apreciar cómo, en algunas ocasiones, ayudan a otros miembros de su comunidad que están muy viejos o enfermos. En un grupo en cautividad, por ejemplo, los chimpancés dan de beber a una hembra vieja que casi no puede moverse con agua que llevan en sus bocas.
Por tanto se puede afirmar que existe un origen biológico de la moral. La religión no sería más que una estructura cultural que se apoyaría sobre esa moral primigenia aparecida evolutivamente.

Copyleft: atribuir con enlace a http://neofronteras.com/especiales/?p=153

* En el juego del ultimátum participan dos personas y se juega con dinero real. Al llamado proponente se le da una cierta cantidad de dinero que tiene que dividir en dos partes no necesariamente iguales y quedarse con la que se le antoje. El respondedor tiene entonces dos opciones: quedarse con la parte que ha dejado para él el proponente o decidir que los dos se quedan sin nada. Los dos conocen las reglas del juego previamente y el respondedor conoce el reparto realizado por el proponente. Además, el juego es a solamente una mano. Aunque se puede repetir, no será con los mismos jugadores.
Según la teoría de juegos, que se utiliza en economía desde Nash, el segundo jugador debe aceptar cualquier oferta, pues el dinero que gane será siempre gratis y sobre cero. Sin embargo, lo que el experimento dice es que cuando la parte que se le deja al respondedor es considerada pequeña por éste, entonces rechaza la oferta y nadie gana.
En el pasado se realizó este experimento en varios países con diversos resultados. En algunos casos, si la cantidad dejada al respondedor era un porcentaje pequeño se rechazaba el reparto, aunque a veces esa parte era el salario mensual medio del país. Pero había diferencias culturales. Por ejemplo, en países donde hay gran tradición por el regalo o viven de la caza (actividad que necesita de mucha cooperación) no se aceptaban porcentajes por debajo del 60%, en occidente no se aceptaba algo no igualitario que bajase del 40%, y ciertos agricultores de la Sudamérica tropical aceptaban casi cualquier oferta por pequeña que fuera (la agricultura necesita de menos cooperación).

11 Comentarios

  1. Pocosé:

    Muy interesante pero todo esto se complica al ser nosotros animales eusociales, mas concrétamente tribales. La selección evolutiva se ha ejercido en ambos niveles individual y tribal de manera conjunta e interdependiente. Si los repartos no equitativos a nivel individual han sido compensados con niveles de organización que doten de mayor eficacia a nivel tribal, estas llamémosle “injusticias”, no han tenido ningún problema para perpetuarse en la tribu.
    Nos parece injusto que a nuestros iguales se les premie o castigue de forma distinta a la que se usa para con nosotros, a la vez que podemos aceptar distintos tratos para estamentos sociales superiores o inferiores al nuestro.

  2. Administrator:

    Cuando los chimpancés tienen un macho alfa dominante que es demasiado abusón un grupo numeroso le da una paliza y entonces está más moderado durante unos meses.

  3. Pocosé:

    Los bonobos solucionan aun mejor los conflictos, una adecuada ración de sexo y todo paz y buen rollo.
    En nuestras sociedades, (al fin y al cabo tribus) la cosa no resulta tan simple. Falta hace y mucha, bajar los humos a los “dominantes”. Sus desmesurados abusos son demasiado evidentes y generalizados.
    Lo del sexo no parece tener efecto alguno.
    ¿Alguna idea no violenta?

  4. Administrator:

    Sí, es verdad, pero los bonobos macho se desentienden de las crías, ya que no pueden asegurarse de que sean sus hijos.

  5. Administrator:

    En cuanto a la pregunta sobre nuestra sociedad se puede intentar responder. ¿Por qué los dominantes van a renunciar a su domino y riqueza?, ¿porque se lo pide amablemente el pueblo y por favor?

  6. Miguel Ángel:

    Todo esto nos puede llevar a replantearnos el motivo de reservar la palabra “conciencia” para aplicarla sólo a personas.

    En el caso de los primates, el papel de “macho dominante” tiene mucho menos de déspota y mcuho más de colaborador que lo que se podría considerar “a priori”. Si el macho en cuestión es poco considerado con las crías o se comporta de modo muy agresivo o intimidatorio es corriente que acabe pasando lo que comenta Neo: al final se impone un tipo de macho fuerte pero colaborador.

    Si lo pensamos bien tiene poco de extraño que aparezcan este tipo de conductas en otros seres vivos: la estrategia egoísta puede resultar beneficiosa a nivel individual, pero es algo que sólo se sostiene si hay un grupo de colaboradores incautos lo suficientemente numeroso. Para el grupo de colaboradores detectar al egoísta puede ser también importante para no malgastar recursos
    Tenemos buenos ejemplos en otras especies como los murciélagos vampiros que, cuando no han podido obtener sangre, se la piden a un compañero que suele cederles una ración suficiente para pasar la noche. Pero si detectan a un miembro que no comparte alimento con los demás, en lo sucesivo no compartirán su alimento con el murciélago egoísta.
    Otro estudio que viene al hilo lo vimos en Neofronteras (“Sentido de la injusticia en perros”) http://neofronteras.com/?p=1371

  7. Pocosé:

    Administrator:
    12 Mayo, 2013 @ 7:40 pm
    En cuanto a la pregunta sobre nuestra sociedad se puede intentar responder. ¿Por qué los dominantes van a renunciar a su domino y riqueza?, ¿porque se lo pide amablemente el pueblo y por favor?

    Evidentemente no.
    La historia y la actualidad nos dicen: Cuando con violencia se deshacen los “abusados” de sus “dominantes abusadores”, en los raros casos en que no están implicados otros “dominantes abusadores” con intención de sustituirlos, los mismos que han desalojado a los “dominaste abusadores” con medios violentos al encontrase con el control de estos medios, pasan con mucha facilidad transformarse en los nuevos “dominantes abusadores”

    En los países cuasidemocráticos tenemos la posibilidad, al menos sobre el papel, de desalojarlos sin violencia.
    ¿Porqué no lo hacemos?

  8. Pocosé:

    Administrator:
    12 Mayo, 2013 @ 4:42 pm
    Sí, es verdad, pero los bonobos macho se desentienden de las crías, ya que no pueden asegurarse de que sean sus hijos.

    No estoy yo muy seguro de que el bonobo que distrae, acicala o transporta a un bonobito, sea hijo suyo o no, no reciba una recompensa extra por parte de la mama bonoba, y ya sabemos como recompensan los bonobos.
    Hay estudios en humanas que parecen indicar, que para criar buscan humanos cooperativos, pero a la hora de un escarceo, si están en periodo fértil, las hormonas las empujan hacia los mas sanos y fuertes, por déspotas que sean.
    ¿Hasta miedo me da!

  9. Administrator:

    En occidente alrededor de 1 de cada 15 niños tiene un progenitor que no es el padre oficial, así que sí es verdad que la mujer se casa con el hombre amable, pero le es infiel con el macho alfa (generalmente cuando ovula). De ese modo garantiza que la descendencia tiene genes fuertes y que además prosperará gracias a los cuidados del macho amoroso. La biología nos condiciona.
    Se ha podido comprobar el mismo comportamiento en aves y otros animales que supuestamente se emparejaban de por vida.
    Esto es algo ya muy estudiado.

  10. Administrator:

    En los países cuasidemocráticos se eligen actores, pero el guión sigue siendo el mismo de siempre. Si hay algún político honrado ya se encargarán de desprestigiarlo o corromperlo. Los poderosos tienen los medios de comunicación y el dinero. Si, pese a todo, llega al poder lo compran (a veces basta con un puesto en el consejo de administración de una empresa o con unos sobres llenos de billetes). O si no es así siempre está la opción de ponerle una jovencita o un jovencito atractivo a tiro (con cámara oculta). Los poderosos financian partidos e incluso luego les perdonan la deuda (a cambio de favores).
    Los poderosos reciben contratos con la administración, reciben hospitales y centros de enseñanza. O permiso para construir donde se les antoje, incluso al lado de la playa. Con ello obtienen más poder y dinero.
    Si hubiera un partido político honrado también daría igual. Al final el votante asume todo el paquete (personas, programa, etc) y no tienen mucho más margen de maniobra.

  11. Pocosé:

    Siendo ya tan evidente que se nos están meando encima y sin reparo alguno en mostrarnos sus partes pudendas, tanto los auténticos poderosos como sus títeres políticos. ¿Como es posible que tantos sigan creyéndolos, cuando con hipócrita desfachatez nos dicen que se trata de un inevitable fenómeno meteorológico?.
    Que difícil resulta encontrar un pequeño resquicio para la esperanza e incluso para hacer mínimamente constructivo al pesimismo.

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