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Aprender de los errores no es fácil si se tienen 8 años

Área: Neurología — viernes, 10 de octubre de 2008

Los niños de 8 años aprenden de una manera completamente distinta a los adultos. Un niño de esa edad aprenderá de la retrolimentación positiva en lugar de hacerlo de los errores.

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Los humanos aprendemos de nuestros errores. Como adultos sabemos que si realizamos mal nuestras tareas se nos impondrá un correctivo. Incluso si nos portamos realmente mal el castigo puede ser elevado y daremos con nuestros huesos en la cárcel. También queremos pensar que si las realizamos bien seremos recompensados de alguna manera. Quizás este sistema meritocrático es el que ha permitido al sistema capitalista progresar o deshumanizarse, no lo sabemos. Pero, ¿cómo funciona este tipo de retroalimentación positiva o negativa a nivel cerebral? ¿Funciona igual en los niños?
Según un estudio reciente los niños de 8 años aprenden de una manera completamente distinta a los adultos. Un niño de esa edad aprenderá de la retrolimentación positiva. Así, si reforzamos un buen comportamiento de un niño de esa edad con un “bien hecho” el niño aprenderá de la experiencia. Sin embargo, no aprenderá de la retroalimentación negativa. De este modo regañarlo será menos efectivo que en el primer caso de reforzamiento positivo.
Los niños de 12 años operan mejor al contrario y un reforzamiento negativo sí funciona mejor en su caso. Para los adultos es igual a estos últimos, pero de una manera más eficiente.
Eveline Crone y sus colaboradores de la Universidad de Leiden han demostrado que esta transición de aprender de los aciertos a aprender de los errores se ve en la actividad cerebral, especialmente en las regiones de control cognitivo del córtex cerebral.
Para ello emplearon un sistema de resonancia magnética nuclear funcional y tres grupos de voluntarios compuestos por niños de 8 y 9 años, niños de 11 y 12 años y adultos de 18 a 25 años.
Para realizar los experimentos los científicos implicados asignaron a todos los voluntarios una serie de tareas a realizar con un ordenador mientras observaban su actividad cerebral. Las tareas requerían que descubriesen las reglas de un juego. Si lo hacían correctamente aparecía una señal en la pantalla comunicándoselo, en caso contrario aparecía una cruz.
Pudieron comprobar que en niños de 8 ó 9 años ciertas regiones de control cognitivo del córtex reaccionaban fuertemente al refuerzo positivo, pero no respondían en absoluto a la retroalimentación negativa. En niños de 12 ó 13 años y en adultos se daba el caso contrario: sus centros de control cognitivos son más fuertemente activados por los refuerzos negativos y mucho menos por los positivos.
Crone se sorprendió de los resultados. Esperaba que la actividad cerebral fuera la misma para todas las edades, aunque quizás las respuestas tuvieran diferente intensidad. Los niños están aprendiendo todo el tiempo, por tanto, esta información nueva podría ser interesante para aquellos que educan a los niños para adaptar sus métodos de educación en función de la edad.
Según Cron los niños de 8 años aprenden de manera eficiente, pero lo hacen de una manera diferente a como lo hacen los de más edad.
Según la literatura existente sobre Pedagogía parece que los niños responden mejor al premio que al castigo, y este nuevo resultado sería coherente con ello. Según Cron la razón residiría en que la información relativa a qué se ha hecho mal sería más complicada de procesar que la contraria. Aprender de los errores es más complejo que seguir por el mismo camino.
Quizás la diferencia en el aprendizaje entre niños de 8 años y los de 12 se deba a la experiencia o una combinación entre experiencia y maduración cerebral, aunque todavía no se sabe la respuesta.
Hay una región cerebral que responde fuertemente al refuerzo positivo: el ganglio basal, justo fuera del córtex cerebral. La actividad de esta área del cerebro no cambia, permaneciendo con el mismo nivel de actividad para los tres grupos estudiados.

Fuentes y referencias:
Nota de la Universidad de Leiden.
Resumen artículo original.
Foto: Universidad de Leiden.

Salvo que se exprese lo contrario esta obra está bajo una licencia Creative Commons.
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3 Comentarios

  1. _Emilio:

    ¿Cuántos niños sufren la ira de tantos padres/madres que les regañan hasta casi la agresión física por hacer “mal” una cosa?
    Recomiendo un libro (“El NO también ayuda a crecer”) que lo pone muy clarito y es muy sencillo.
    Reforzar a un niño con muuucha efusividad es una inyección de alegría para un pequeño; se siente seguro y querido, tratando de volver a sentir ese enganche de endorfinas otra vez haciéndolo bien de nuevo.
    Si un niño ve que hace una raya en un papel y su padre sobrereacciona como si fuese un cuadro de Velázquez, en vez de decir “te has salido de la figura, Carlitos”… ese niño asociará el pintar a alegría. Y así con todo…
    La premisa, para criar a un niño feliz es ser una buena persona y alegrarlo hasta los 10 años, darle caña de 10 a 20 y luego dejarlo rodar… No agobiarlo con ser perfecto y luego llevarlo al psicólogo porque “no puedo con él y ya no sé que hacer”.

    Pobres niños… están en nuestras manos.

  2. Jose Ignacio:

    Es muy bueno este experimento.
    Hipótesis. En épocas pasadas, el niño dependía de la madre hasta una cierta edad en la que pasaba a la “educación” por parte del padre. La madre mas “premiativa” y el padre mas “castigador” por los diferentes entornos de “trabajo” de la época. Que el niño hiciera algo malo en el hábitat habitual no era muy grave. Que lo hiciera durante la “caza” u otras actividades más peligrosas le podría costar la vida a el y al grupo.

    S2

  3. pablo:

    Muy interesante de verdad este experimento, yo trabajo con niños de la ESO, que suelen tener ente 11 y 16 años, y los profesores que suelen tener más exito son los más duros, los que más se hacen respetar y menos confianzas dan a los alumnos, si les das confianza y ven que eres “bueno” (blando), estás perdido, te comen, sobre todo los de 1º ESO.

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