NeoFronteras

¿Cuál es realmente la estrella más antigua conocida?

Área: Espacio — sábado, 15 de febrero de 2014

Estos días se ha anunciado en los medios una estrella sobre la que se ha llegado a decir que es la estrella más antigua conocida, pero esto no es del todo cierto. Además lo importante son otros aspectos.

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La estrella en cuestión. Fuente: Mike Bessell, ANU, Space Telescope Science Institute.

Hubo una vez en la que el Universo estaba en estado de plasma y los fotones no podían viajar sin ser reabsorbidos y emitidos continuamente. Pero 380.000 años tras el Big Bang se produjo la recombinación, el hidrógeno y helio dejaron de estar ionizados y el Universo se hizo transparente por primera vez. Entonces los fotones pudieron viajar libremente y formaron lo que hoy conocemos como fondo cósmico de radiación. Se puede decir que esos fotones son primordiales y se calcula que había 10.000.000.000 fotones por cada protón.
Después, el Universo se transformó en un objeto oscuro. No había mecanismos de emisión de luz, pues no había estrellas. Fue la edad oscura del Universo.
Más tarde se formaron las primeras estrella. Eran estrellas extrañas comparadas con las actuales, pues carecían de elementos pesados, incluso de aquellos que actúan de catalizadores en las reacciones de fusión nuclear. No es fácil explicar su formación sin el polvo que permite el enfriamiento por radiación de las nebulosas y su colapso gravitatorio en estrellas, como sucede ahora. Se cree, además, que eran estrellas muy grandes. Estos cuerpos constituyeron la primera generación de estrellas; “vivían” rápido y con sus “muertes” en forma de supernovas enriquecieron por primera vez el medio interestelar con elementos más pesados que el hidrógeno y el helio primordiales.
Nadie ha visto aún una de estrellas estrellas. Sólo haría falta apuntar con nuestros telescopios lo suficientemente lejos para ver ese pasado. Están ahí, más cerca que el fondo cósmico de radiación, pero no tenemos aún tecnología que permita recoger la debilísima luz (corrida hacia el rojo) que nos llega de ellas. Como eran estrellas masivas vivían poco, así que no hay ninguna cerca de nosotros.
Pero después de esta primera generación de estrellas, hace más de 13.000 millones de años, surgió una segunda generación de estrellas muy similares a las estrellas que vemos ahora en una noche estrellada.
Como en la segunda generación se formaban estrellas de todas las masas, también se formarían estrellas de muy baja masa, que brillan durante muchos miles de millones de años. Algunas deben de haber sobrevivido hasta ahora y deben estar en nuestra galaxia, lo suficientemente cerca como para verlas y analizarlas con nuestros instrumentos.
Estos días se ha anunciado una de estas estrellas y se ha llegado a decir (por parte de los medios) que es la estrella más antigua conocida, pero esto no es del todo cierto. El hallazgo fue realizado por un equipo del MIT en un cuidadoso estudio.
La estrella, denominada SMSS J031300.36-670839.3, contiene niveles de hierro que indican que es de segunda generación, pero es tan poco hierro que los investigadores deducen que su estrella progenitora quizás no sufrió una explosión tan energética como se esperaba, esparciendo, por tanto, menos hierro.
Digamos que el análisis de esta estrella y otra similares permite intuir cómo fueron las estrellas de la primera generación, aunque no podamos ver ninguna.
Su descubrimiento se realizó gracias a los datos recogidos por el telescopio australiano robotizado SkyMapper entre millones de espectros de estrellas. Los investigadores descartaron los casos de estrellas más jóvenes, se quedaron con los candidatos a estrellas de segunda generación y las observaron con el telescopio Magallanes en Chile para obtener así espectros de alta resolución.
Esta estrella contenía 10 millones de veces menos hierro que el Sol, que es menos de lo esperado, y un poco más carbono de lo esperado. Tendría una edad de 13.700 millones de años.
Pero no está claro que sea la estrella más antigua conocida, pues tenemos el caso de la estrella HD 140283, anunciada hace 6 meses, que está a 190 años luz de nosotros y que tendría 14.500 millones de años, es decir, que sería más vieja que el propio Universo. Pero hay que tener en cuenta que el margen de error es de 800.000 años en este caso.

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A la gente le gustan las respuestas categóricas y absolutas, pero la ciencia no suele proporcionarlas. En los cursos de “expertos para TV” se enseña a ser firme en las declaraciones y a mostrar una seguridad a prueba de bombas. Si se dice la verdad en un programa de televisión y se mantiene una postura ambigua porque no se puede afirmar nada con seguridad entonces no te vuelven a llamar (a pagar). Esto es válido para la Astrofísica o para cualquier otra rama del saber.
A la gente también le gusta saber sobre que se ha batido cierta plusmarca, se ha descubierto la galaxia más lejana o la estrella más antigua, pero no quiere saber sobre la importancia de los descubrimientos porque eso exige meterse en los detalles y ello implica el necesario y requerido esfuerzo.
El caso es que en todas las ciencias siempre hay barras de error, unos valores por encima del valor que se obtiene y que proporcionan la seguridad con la que se conoce ese valor. A veces esas barras de error se extienden un pequeñísimo porcentaje por encima y por debajo, otras un porcentaje muy elevado, como suele suceder en Astrofísica.
Además de la incertidumbre en las medidas, algunos de los resultados dependen de los modelos que usamos y, por tanto, esto también introduce un error porque nuestros modelos son siempre aproximaciones a la realidad. Una estrella es menos compleja que una mariposa, pero aún así hay detalles que se nos escapan. No sabemos, por ejemplo, por qué el Sol presenta un ciclo de manchas de 11 años.
Tanto SMSS J031300.36-670839.3 como HD 140283 podría ser la estrella más antigua conocida, pero en realidad no importa. Lo importante es que ya somos capaces de señalar con el dedo estrellas pertenecientes a las segunda generación que han estado brillando durante más de 13.000 millones de años, estrellas que nos proporcionan pistas sobre cómo fueron las estrellas que iluminaron el Universo por primera vez y que aún no vemos. Estas estrellas nos ayudan a entender el Universo y de dónde venimos.
También nos permiten hacer volar la imaginación y recrear en nuestras mentes estrellas longevas con planetas superhabitables a su alrededor en los que la vida ha estado evolucionando durante más de 10.000 millones de años. ¿A qué habrá podido dar lugar la evolución en esos mundos?

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Fuentes y referencias:
Nota de prensa.
Artículo original.

Salvo que se exprese lo contrario esta obra está bajo una licencia Creative Commons.
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6 Comentarios

  1. samuel:

    como pueden saber que es la mas vieja descubierta por el hombre

    pienso que es imposible saberlo nadie puede tener ese conocimiento

  2. Luis:

    Gracias por el artículo, especialmente por el último párrafo, que parece realmente “inspirado” e inspirador.

  3. tomás:

    Pues yo creo que sí, estimado “samuel”. Basta preguntar a los más viejos del lugar, tanto de las cercanías del telescopio australiano, del chileno o de Massachusetts -por lo de MIT-.
    No sé si se nota que es una broma…
    Mientras leía el artículo me preguntaba si, en la gran inflación, el tiempo -de existir- transcurrió como ahora y si la liberación de los fotones fue como un flas repentino y luego la oscuridad.
    Y sobre el último párrafo que inspira a Luis me pregunto si la evolución darwiniana será un hecho universal o sólo se dará en algunos lugares como la Tierra. Podría ser tan general como la ley que dice que el “todo es mayor que sus partes”.
    En efecto, estos artículos que nos llevan tan lejos son inspiradores. Inspiremos pues y esperemos no expirar en unos años para seguir disfrutando de la espera con tan buen inspirador y en tan buena compañía.
    Abrazos universales.

  4. tomás:

    Pedón: no “flas”, sino “flash”; ha sido un lasus. ¡Cachis, qué día! No “lasus” sino “lapsus”. ¡Oh! y tampoco “pedón” sino “perdón”.
    Prometo ser bueno a parir de ahora. ¡Horror!: ¡no, no!, no “a parir” sino “a partir”. ¡Qué catrástofe! Se acabó rectificar. Punto final.

  5. Miguel Ángel:

    ¡Ja, ja, ja! ¡Sois tremendo, maese Tomás!

  6. tomás:

    Mil gracias, mi querido amigo. Me ha alegrado la mañana el volver a verte por estos comentarios.
    Un fuerte abrazo.

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