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A los moas los extinguió una baja población humana

Área: Antropología,Medio ambiente — Sábado, 29 de Noviembre de 2014

El tamaño escaso de la población humana no se puede considerar más un argumento en contra del origen humano de las extinciones de megafauna.

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El ser humano fue la causa de la extinción de las aves gigantes que poblaban Nueva Zelanda llamadas moas. De estas aves no voladoras había nueve especies, la mayor de las cuales medía 3,6 metros y pesaba 230 kg.
Este evento de extinción sucedió en tiempos históricos una vez que un grupo de polinesios dio con las islas que hoy denominamos Nueva Zelanda. Se estima que había unos 58.000 moas cuando el ser humano llegó allí alrededor del año 1300. Pero, ¿cuánta gente hizo falta para provocar esta extinción? Según un estudio reciente bastaron unas 2500 personas. Esta es la conclusión a la que un equipo internacional de investigadores ha llegado recientemente y que ya se sospechaba con anterioridad.
Estos investigadores calcularon que la actividad de los polinesios llegados a estas islas provocó la extinción de los moas en menos de un siglo pese a la escasa población humana. Durante el pico de caza de los moas, los polinesios asentados en las islas eran de sólo 1500 y tocaban a una persona por cada 100 km cuadrados, una de las densidades de población más bajas de la era preindustrial. Calcularon, además, que la población llegó a los 2500 habitantes cuando los moas se extinguieron, pero los moas ya eran muy escasos décadas antes.
Estiman que la población humana durante el periodo de caza de los moas es más determinante que la población fundacional para saber cuánto tiempo se necesito para exterminar los moas con la caza y destrucción del medio.
Para determinar el periodo crítico de la caza del moa los investigadores buscaron el momento final en que dejaron de comer moas junto a nuevas estimaciones sobre cuando empezaron a hacerlo.
En su modelo usaron una población fundacional de 400 individuos (de ellos 170 o 230 mujeres) y aplicaron un modelo de crecimiento poblacional para así alcanzar las poblaciones históricas y actuales. Esto les permitió saber la población en el periodo de caza de estas aves. Los análisis realizados además consideran que la disponibilidad en época de moas y focas permitió a los polinesios tener una dieta generosa que provocaría una expansión de su población.
Para saber cuándo empezaron a cazar, los investigadores usaron análisis estadísticos basados en análisis de carbono-14 de 93 muestras de restos de cáscaras de huevos de moa, restos de huevos encontrados en excavaciones arqueológicas en la isla del Sur. Esto indicaría que se empezó con la caza de moas en el año 1314, justo después de una importante erupción del volcán Tarawera. Por debajo de la capa de cenizas de esta erupción no hay restos arqueológicos de asentamientos humanos.
Por el otro lado, 270 muestras datadas con radiocarbono de origen no arqueológico indican que los moas se extinguieron primero en los lugares más accesibles de las tierras bajas del este a finales del siglo XIV, sólo unos 70 u 80 años de empezar a cazarlos. El resto de los moas sólo pudieron sobrevivir durante 20 años más.
Los investigadores señalan que, aunque se ha puesto en duda que los humanos provocaran la extinción de la megafauna a lo largo de todo el mundo debido a su baja población, este resultado indica que basta una población humana pequeña para extinguir completamente especies de animales grandes.
Todo parece indicar que los mamuts y perezosos gigantes de América, los marsupiales gigantes de Australia y los moas, águilas y gansos gigantes de Nueva Zelanda fueron llevados a la extinción por los humanos, incluso cuando la gente no era numerosa. El tamaño escaso de la población humana no se puede considerar más un argumento en contra del origen humano de estas extinciones.

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Fuentes y referencias:
Nota de prensa.
Sobre el color de los moas
Ilustración: Wikipedia/ George Edward Lodge.

Salvo que se exprese lo contrario esta obra está bajo una licencia Creative Commons.
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9 Comentarios

  1. David:

    ¡Pues vaya con nosotros, los humanos!. Cuando nos proponemos algo, ¡somos capaces de conseguirlo!. Luego hablan de clonar y traer de vuelta a los dinosaurios, que tanto parecen fascinar a los norteamericanos (igual que los viajes interestelares), _no tanto a los europeos_. Y ni siquiera podemos traer de vuelta al Dodo, al Alca, al auténtico pingüino, ya extinto, al Dugongo, al mamut, el mastodonte… Ni al Moa. ¿Cuantas especies se perderán todavía por el camino.? El rinoseronte negro (¿o era el blanco?), tambien se ha extinguido recientemente, cazado para extraerle el cuerno de marfil.

    Además que traer dinosaurios, animales tan enormes, más allá de parques zoologicos o reservas naturales, no tendría mucho sentido práctico. La revista Quo, en su primer numero del 2014, hablaba de que endrían un tamaño similar a un perrito. Esperemos que si son capaces de traerlos de vuelta de verdad, sean solo los ervívoros, si quieren que convivan entre nosotros, como máscotas domésticas.

    Un saludo.

  2. tomás:

    Pues si una mínima población fue capaz de tal “hazaña”, la exagerada dimensión de la actual, junto a las artificiales necesidades consumistas que nos dominan la veo muy finalista, es decir que vamos a quedarnos solos. Podremos ser antropófagos y herbívoros, pero esto último tampoco muy a la larga.
    Esta mañana he oído en la radio que una población que vivía de la pesca y que la exportaba, ya no es capaz, ni de lejos, de autoabastecerse, y que malperviven cuatro barquitas como una reliquia residual y turística.
    La estupidez se ve que domina a los grupos -quizá tribales-, posiblemente por la competencia, cuando la colaboración sería mucho más útil y razonable.

  3. Dr. Thriller:

    Que sea posible no quiere decir que haya sido así, eso por no negar la mayor. Soy muy escéptico en aceptar que el papel del humano neolítico tenga relevancia en el ecosistema hasta ese nivel, porque entonces hay que revisar muchos otros “flecos” (ojo, neolíticos, no culturas más avanzadas y con medios de producción menos artesanales y a escalas económicas totalmente incomparables), lo que obviamente no es argumento para decir que no ha sido así. En mi opinión, la extinción prehistórica del hemisferio norte fue más bien debida al cambio drástico climático y seguramente a un evento de extinción masivo (tipo Tungusca) que tuvo lugar justo al final de la desglaciación. Por otro lado, mientras el imperio chino (con altísimas densidades de población comparativas para sus épocas) no fue capaz de extinguir casi nada (a lo sumo “despejar” áreas), el sistema esclavista paraindustrial romano “limpió” de leones el norte de África, terminó con los uros (o los dejó a punto para que la Edad Media hiciera el resto), y otros similares.

    ¿Es posible que los maoríes extinguieran estos bichos? Creo que demuestran que es posible, pero entonces hay que asumir que los maoríes desembarcaron ya con unos intereses culturales muy concretos (que puede perfectamente ser), porque las extinciones humanas en todas las épocas se provocan por conflictos de intereses, no por saqueo directo hasta agotamiento (por ejemplo, lobos y agricultura, o uros e ídem, e incluso ballenas y aceite de ballena, o el simpático pingüino original del hemisferio norte -el arao gigante-, que resultaba un estorbo a varios niveles, es decir, análisis culturales). Es perfectamente posible que este mamotreto estorbase a los maoríes (aparte de ser comestible) hasta el punto de cargárselo a escala minicontinental, pero necesito algunas pruebas más que un mero estudio de viabilidad. Sobre todo porque animales perfectamente comestibles y aún más vulnerables a la caza sin piedad humana siguen pululando tan tranquilos (cuando no se han beneficiado que se cagan de la invasión europea).

    Eso por no decir si el propio bicho también estaba en un cuello de botella con altas probabilidades de extinguirse (como el roc de las Mascareñas), en ese caso una leve metedura de manaza precipita una situación muy inestable. Pero en este caso la actividad humana es casi comparable a la de un virus, una erupción masiva o la entrada de una especie invasora (de forma completamente natural).

    Yo creo que nos damos demasiada importancia. Está claro que en este siglo hemos alcanzado el poder para cargarnos todo incluyendo nosotros mismos, pero antes de este poder “otorgado” dudo mucho realmente que estuviésemos en condiciones en ninguna parte de amenazar nada. A los mayas me remito, son sus ciudades las que se ha comido la selva, y no al revés. Y si el caso es de una especie anecdótica (a efectos de posición en la pirámide trófica), entonces me atengo al razonamiento del parágrafo anterior.

  4. Miguel Ángel:

    Querido Dr. Thriller:

    Pues me temo que comparto algunas de tus dudas, sobretodo después de unos cálculos que he hecho, a grosso modo, para tratar de estimar cuántos kilos de carne de moa por habitante y año venían a consumirse (en caso de que los matasen para comérselos):
    Me salen unos 42 kilos por habitante y año. He supuesto una media de 50 kilos de carne aprovechable por moa -si bien, esa cifra probablemente era mayor los primeros años de caza y menor al final del periodo-; he considerado sólo los primeros 70 años de caza cuando los moas todavía serían abundantes y una población media de 1000 personas durante ese periodo).
    Desconocemos la cifra de consumo total de carne de los maoríes pero, siendo polinesios, hay que descartar que tuviesen una dieta tan hiperproteica como la de los masai o los inuit. No tengo un conocimiento profundo acerca de su dieta, pero tampoco desconozco que los polinesios pescan en los arrecifes, comen cocos y cultivan una especie de boniatos.
    Incluso suponiendo 100 kilos de carne por habitante y año como en el actual Uruguay (que es el que más carne consume) parece mucho moa…y más si consideramos que disponían de otras fuentes de carne que incluían otras aves, focas, marsupiales y supongo que cerdos y gallinas.
    Queda la duda de lo sabrosos que podrían considerar a los moas, pero se me antoja poco probable que llegasen a desplazar hasta ese punto a alimentos tan apreciados como la carne y grasa del cerdo, por fácil que fuese cazar moas.

    Un fuerte abrazo en tu reentrada, que ya te echábamos de menos.

  5. tomás:

    ¡Qué alegría! Mi gran amigo y el gran campeón, también amigo y vencedor, juntos en un mismo artículo.
    Vuestras opiniones me parecen muy razonables. Son exposiciones de dudas que se han de considerar.
    Sin embargo creo que la mención de Tungusca es, gosso modo, inapropiada, pues un suceso así, a lo bestia, es decir de un orden muy comparable a la famosa Bomba del Zar (para Tungusca, quiero decir), habría de ser multiplicado por mucho en el caso de los moas y por muchísimo en otros casos. Y resulta que no hay evidencia alguna de tales eventos que habrían de dejar una huella de C-14 como mínimo y habrían extinguido todo lo demás sin excepción; especialmente a los mismos maoríes.
    Pero que esto de achacar a muy pocas gentes extinciones de algunas grandes especies es discutible, pues sí. Pienso que por ser grandes ya son más vulnerables a los cambios climáticos, tanto para el calentamiento como para el enfriamiento, por aquello del R^3 y el R^2 que no ha de ser fácil de acomodar.
    Un gran abrazo para ambos.

  6. Pocosé:

    Quizás apreciaban más los huevos que la carne. Aunque en tal caso no sería extrapolable a los grandes mamíferos.
    Yo tambien tengo mis dudas, pero solo de que fuéramos la causa exclusiva de la extinción de la megafauna. En el caso particular de los moas los investigadores parece que si lo tienen bastante claro.
    Abrazos y o saludos para todos.

  7. Miguel Ángel:

    Una buena explicación podría ser la suma de la caza por parte de los humanos unida a una situación de cuello de botella como ha propuesto Dr. Thriller.
    Por ejemplo: es posible que los moas tuviesen una reproducción tardía y escasa, del mismo modo que su pariente más cercano, el kiwi. Los kiwis tardan 10 años en ser maduros sexualmente y, debido a ello, el 94% de los que nacen no llegan a reproducirse.
    Además, he leído que los kiwis viven sólo hasta los 15 años y que sólo ponen un huevo por temporada…¿es correcto?…de serlo, se trata de una situación realmente extrema en cuánto a hábitos reproductivos se refiere.
    Si se parecían en esto a los kiwis, es perfectamente consistente que los extinguiesen sólo a base de comerse los huevos, como dice el amigo Pocosé. Además, si incubaban los huevos, es posible que conseguir el huevo implicase también matar al adulto incubador, si se empeña en defenderlo con su vida.

  8. tomás:

    Diría que Miguel Ángel da en el clavo por sí y al considerar la aportación de Dr. Thriller. Animales que viven en tierras sin depredadores acaban muy indefensos por una un otra razón y por un montón de ellas. Sin embargo mantienen mejor su población los que, siendo parecidos, han de defenderse, como las avestruces y los ñandúes. Pueden hacerlo por ser más precavidos, por tener más descendencia, porque la evolución los haga más rápidos o agresivos, etc.

  9. NeoFronteras:

    Se sabe que los moas tenían una tasa reproductiva baja.

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