NeoFronteras

Ratas altruistas

Área: Etología — lunes, 18 de mayo de 2015

En un experimento se demuestra que las ratas ayudan a sus congéneres bajo estrés de forma altruista y empática.

Foto

En este mismo sitio web hemos visto que los animales pueden exhibir muestras de lo que llamamos sentido de la justicia o incluso empatía.
Uno no pensaría que este tipo de sentimientos tan “humanos” puedan ser expresados por las ratas, pues nuestros prejuicios dotan a estos animales de muy mala reputación. De este modo, decimos que las ratas son las primeras en abandonar el barco o nos reímos del titular de The Irish Times en el que deslizó la errata de llamar al antiguo presidente de Bankia Rodrigo Rata.
Puede ser que estemos equivocados y que las ratas sean mejores que algunas personas y que, aunque abandonen un barco que se hunde, no abandonen de ahogarse a sus congéneres incluso a costa de no comer chocolate, al menos en el ambiente controlado del laboratorio.
Todo empezó con un estudio publicado en 2011 por parte de Peggy Mason (University of Chicago) en el que se afirmaba que las ratas tenían empatía por sus congéneres.
En ese estudio se tenía atrapada una rata en un tubo (algo que le producía bastante estrés) y sólo podía ser liberada gracias a la ayuda de un congénere, que no estaba bajo esa restricción, si accionaba un mecanismo. El experimento demostraba que, efectivamente, la rata libre liberaba a la rata cautiva en el tubo.
Los escépticos señalaron en su día que, en realidad, no se trataba de empatía. Como a las ratas les gusta la compañía, en realidad lo que sucedía era que la rata liberadora no sentía el estrés de la otra y no trataba de evitar su sufrimiento, sino que sólo buscaba su compañía.
Para tratar de dilucidar este punto, el grupo de Kwansei Gakuin (Universidad de Japón) diseño un experimento distinto. En el nuevo dispositivo se situaba a una rata en uno de los compartimentos de un sistema de dos. En ese recinto había agua y la rata se veía obligada a nadar, algo estresante para el animal. En el otro recinto, que estaba seco, había otra rata que podía ver lo que ocurría.
Aunque no había riesgo de ahogamiento, la única manera de evitar estar nadando todo el tiempo era que la segunda rata empujara una puerta para que la rata en el agua pudiera ir a sitio seco.
Después de unos días las ratas aprendieron cómo accionar el mecanismo y, efectivamente, ayudaron a las ratas que estaban en el agua. Pero, y esto es lo interesante, no ayudaron a las ratas en el mismo compartimiento cuando no había agua. Por tanto, las ganas de tener compañía no era lo que les hacía ayudar al otro, pues las ayudaban sólo cuando estaban en situación de estrés.
Además, las ratas que ya habían pasado por la experiencia de estar a remojo en esas condiciones, ayudaban más rápidamente a sus congéneres cuando las tornas cambiaban. Los investigadores dicen que esto significa que no solamente reconocían mejor la situación estresante en el otro si ya habían pasado por ella, sino que estaban más motivadas porque recordaban lo que era estar en esa situación.
No contentos con el resultado, los investigadores pusieron la capacidad de empatía de las ratas al límite ofreciendo chocolate a cambio de no ayudar a la compañera. La rata en el recinto seco podía elegir entre abrir la puerta a la compañera en remojo o abrir la puerta a un trozo de chocolate.
Las ratas que ayudaron a sus compañeras a cambio de renunciar al chocolate pasaron del 50% al 80% con el tiempo. Esto sugeriría que para las ratas el impulso de ayudar a un congénere es superior al más básico de alimentarse con una golosina.
Este resultado nos induce a pensar que la empatía no apareció en humanos de la nada o por condicionamientos culturales, sino que sería algo más innato que ha sido favorecido lentamente por la evolución.

Copyleft: atribuir con enlace a http://neofronteras.com/?p=4674

Fuentes y referencias:
Artículo original
Foto: Sato, N. y colaboradores, Animal Cognition (2015).

Salvo que se exprese lo contrario esta obra está bajo una licencia Creative Commons.
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23 Comentarios

  1. lluís:

    A la vista de este tipo de experimentos, en los que se muestra o demuestra que algunos animales tienen capacidades culturales (comunicación,aprendizaje..) son capaces de tener sentido de la justícia y hasta empatía para con sus congéneres, parece más pertinente que nunca seguirse preguntando, ¿Qué nos hace humanos? ¿La consciencia?, pues la cierto, a juzgar por estos experimentos, es que estos animales no humanos parecen tener un cierto grado de élla. O no mucho menor que la de la Rata del “Irish Times”.

  2. Miguel Ángel:

    Querido amigo “lluís”:

    La comunidad científica ya se ha pronunciado (positivamente) al respecto de la existencia de consciencia en animales: http://youtube.com/watch?v=wgxvLxwrMKs
    Por cierto, el enlace anterior es por cortesía del amigo “r”, al que echo de menos y envío un fuerte abrazo.
    Lo que podemos debatir es si tienen conciencia, que es un término ha sido considerado exclusivo de humanos por aludir a la moralidad, pero me atrevo a ponerlo en duda a la vista de estos resultados.

    Ya no podemos seguir diciendo que el Universo sea completamente indiferente al sufrimiento: el Universo vivo tiene empatía…y es muy, muy hermoso.

  3. Miguel Ángel:

    Muchos abrazos con mucha empatía, querido “lluís”

  4. lluís:

    Querido amigo, Miguel Ángel:
    – Una vez ya discutimos aquí con nuestro común y apreciado amigo tomás sobre los términos “consciencia” y “conciencia”, discrepamos un tanto, para resumir te diré que yo no veo una separación clara y tajante entre ambos conceptos, diría que para tener conciencia ( que parece aludir más a cuestiones morales, como bien dices)se ha de ser consciente. Por ello si no eres consciente ni puedes ser empático ni tener conciencia alguna.De alguna manera la conciencia derivaría de la consciencia, que es precisamente lo que se esta estudiando por las ciencias neurocognitivas, ¿ Qué es la conscienca?, ¿ Un grupo de neuronas especializadas que hacen su trabajo y aún no se han descubierto?. Incluso me atrevería a decir que la conciencia es un subproducto de la consciencia.
    – En cuanto al universo consciente al sufrimiento, pues lo único que se me ocurre decir es que nosotros somos pequeños pedazitos de universo ( estamos construídos con materiales que surgen de las estrellas), en este aspecto se puede decir que unos pedacitos de universo sí son consciente del sufrimiento humano, pero si nos referimos al Univero en sí mismo, seguro que le importamos un rábano. O ni siquiera eso, puesto que no podemos atribuir al Universo características humanas o no humanas pero animales.
    – Hago recíprocos los empáticos abrazos, Miguel Ángel.

  5. tomás:

    Pues me gustaría mucho poder enseñar este artículo a mis tres sobrinas con las que, hace unos 25 años, o más, discutí sobre este tema, atribuyendo yo sentimientos más o menos evidentes a algunos animales y negándolos ellas, a pesar de que, al menos una estudiaba una carrera de las que podemos llamar duras; concretamente farmacia, aunque la mayoría acaben como tenderos, desgraciadamente -y bravo por los que se dedican a la investigación-. Las otras dos, una abogada y la otra periodista, supongo que no estarían muy al día en etología, o no tendrían sobre el tema ideas avanzadas. No es que desprecie yo estas carreras, pero no son propicias a elucubrar sobre estos temas.

    Aparte de eso, y sin que tenga nada que ver, os comunico que ayer cumplió mi padre los 102 y todavía suma y multiplica de memoria. Creo que, al menos el verano lo superará.

    Un fuerte abrazo empático-simpático (este como las cuerdas de una guitarra; vamos, que sonamos parecido)

  6. David:

    Yo había leído, que el cerebro humano, estaba compuesta por varias capas. La mas primitiva, era la reptiliana, que solo responde a impulsos básicos, como hambre, lucha, agresividad, reproduccion. Según esto, los reptiles carecen de sentimientos, propios de los animales superiores, como la empatia. Sin embargo, leyendo algo sobre la oca de Tolouse, aunque no sean exactamente reptiles, sino algo parecido http://elgansoycia.jimdo.com/oca-toulouse/ , y sobre el lagarto ocelado,http://www.fotonatura.org/galerias/fotos/284155/ , me hace pensar…

  7. tomás:

    Todo indica que en el cerebro se han ido superponiendo funciones cada vez más sofisticadas. Parece que a los mamíferos -por lo menos a algunas especies- les ha tocado la más avanzada, especialmente a los predadores. Pero algunas aves han demostrado habilidades que nos sorprenden, como las urracas contando, me parece, que hasta siete o algo así, al quebrantahuesos lanzando una piedra -utensilio- contra un huevo grande, creo recordar que de avestruz -o una imitación- (lo vi en un programa del extraordinario Felix Rodriguez de la Fuente) y algún pájaro -supongo que córvido- utilizando un palito que habría dehojado antes para pinchar y así obtener una oruga oculta en un huequecillo de un árbol.
    Pero en el artículo se está tratando de sentimientos y, al menos en los mamíferos, se cree que se asientan en el límbico. En algún lugar leí que pueden provocarse con estímulos eléctricos, pero mi recuerdo del asunto es un tanto vago.

  8. Miguel Ángel:

    Querido amigo “lluís”:

    Sí, la consciencia es algo más básico y más amplio que la conciencia: sin consciencia, no hay conciencia. En cambio, que asiente en un grupo concreto de neuronas no está nada claro ya que estamos hablando de un órgano que funciona descentralizadamente, a pesar de que para algunas funciones sí que hay centros concretos, por ejemplo, el centro de la tos o el de la respiración.

    He estado echando un vistazo fugaz al artículo original y dicen que las ratas estaban en aislamiento acústico durante el experimento. Sin embargo, no he visto que digan que también estuviesen aisladas de olores, y es un aspecto que me parece importante porque hay que suponer que sean capaces detectar el olor del estrés de un congénere. De modo sueño queda claro si es sólo la visión de otra rata en apuros la que provoca la respuesta o hay que añadir el olor.

    Y sobre lo del Universo indiferente, sigo llegando a una bonita conclusión, que sólo tenemos que asomarnos a ese Universo vivo para hallar el consuelo de sentirnos arropados por alguien…y es de ese mismo modo como yo me siento aquí.

    Y en justa reciprocidad, os deseo lo mejor. Un fuerte abrazo con simpatía.

  9. Miguel Ángel:

    Segundo párrafo, ultima línea: “De modo que no queda claro si es sólo la visión…”
    Si escribes rapidillo con la tablet, a veces pasan estas cosas.

  10. Miguel Ángel:

    Querido amigo Tomás:

    ¡¡¡Ciento dos felicitaciones y abrazos!!! Me encanta la historia de tu padre emulando a Sisifo y me encantaría formar parte del club, si bien sospecho que me voy a quedar con las ganas porque no tengo familiares tan longevos. Sumados a un hábito toxico que tú conoces y a la turnicidad y nocturnidad de mi trabajo, lo tengo mas difícil todavía.
    Pero bueno, lo que importa es vivir el “ahora”, el único espacio donde podemos sentirnos libre de las ataduras del pasado y de ese futuro siempre incierto y amenazante.

    Sobre lo que comentas con nuestro amigo David, creo que ya sabes que algunos sentimientos, como el miedo, asientan en el tálamo. Y los reptiles lo tienen.

    Abrazos imperecederos.

  11. Miguel Ángel:

    Disculpas otra vez: el miedo asienta en la amígdala; el dolor en el tálamo. Los reptiles están provistos de ambas estructuras.

  12. RicardM:

    Estimados Tomás, Miguel Angel y lluis, como siempre, vuestros comentarios estan a la altura del artículo. En referencia concreta al experimento donde se dice demostrar que las ratas tienen “empatia” me gustaria hacer un comentario. Por empatía entiendo “ponerse en el lugar del otro” para, una vez interiorizada la situación, reaccionar en ayuda del que sufre. Esto creo que podemos llamarlo “sentimiento”. Pero, ¿Realmente una rata es capaz de “ponerse en lugar” de su congénere en apuros?. ¿No podria deberse su conducta presuntamente altruista a la asociación de señales de estrés con un comportamiento innato tendente a mitigar o evitar estas señales?. En este caso, el comportamiento tendría igualmente un evidente valor de supervivencia, aunque dificilmente lo podríamos llamar empatía.

    No es que crea que los animales carecen de algún tipo emociones (mi hurón me demuestra cada dia, a su manera, que las tiene). Lo que planteo es si no tendemos a asignar atributos demasiados “humanos” a los animales.

    Saludos cordiales.

  13. tomás:

    Si, mi gran amigo. “Emociones” tales como el dolor han de ser muy primitivas y antiguas, y algo posteriores al origen del impulso del ataque del agresor. así que es natural que se asienten en el tálamo. Pero el miedo, que es algo así como la previsión del dolor, está, como dices, asentado en la amígdala, y ésta pertenece al sistema límbico.

    En cuanto a lo de tu vida, no sé cuanto influirá en la longevidad, pero mi padre pasó buena parte de la suya trabajando mucho y de noche, estuvo en el campo de concentración de Argelés-sur-mer y otros. De todas formas, aunque no le duele nada, no sufre y se siente querido, yo preferiría no vivir tanto, aunque sí si mantuviese una salud como la actual. Bueno, no como hoy porque ayer salí volando de la bicicleta y apenas puedo moverme, pero como no se me ha roto ningún hueso espero que no dure más de unas semanas.

    Me deseo una pronta mejora.

  14. tomás:

    Querido RicardM:
    Cierto es que es tendencia común identificar cualquier comportamiento que nos llame la atención de nuestras mascotas con sentimientos humanos. Hoy mismo, de mi perrillo, intuyo que comprende que estoy hecho una piltrafa tras el vuelo y aterrizaje de ayer y me hace más caso que otros días. Indudablemente ha de ser distinto, puesto que muchas de nuestras emociones han de elaborarse un tanto en el cortex. Y todos sabemos que, entre unos y otros humanos, las diferencias de empatía son muy grandes; desde el asesino que no siente compasión por su víctima al que entrega su vida ayudando a los demás sin esperar recompensa alguna.
    Quizá debiéramos escribir “empatía”, entre comillas para los animales, pero habría que ver qué motivo profundo se da en la empatía humana.
    En resumen, que cada empatía, animal o humana, puede ser un mundo.
    Un fuerte abrazo.

  15. petrus:

    Acabo de leer vuestros bien documentados comentarios, incluyendo esa sutil diferenciación entre consciencia y conciencia. Como soy hombre de campo, por el tiempo que suelo pasar en él, mis ideas a menudo enlazan con experiencias y saberes recogidos en él… Hace unos años, pasé y repasé, sin saberlo, a escasos centímetros de un hermoso enjambre de abejas colgado de un árbol a la altura de mi cabeza sin sufrir consecuencias… pero con peligro evidente de mi propia vida. De las abejas creemos saber que el ataque de una de ellas provoca el de las demás, gracias a la acción de cierta hormona que se difunde en el ambiente. Seguramente el estrés de la rata aprisionada, incluso el propio sudor que le provoca, sea el productor hormonal y/o el estímulo adecuado para la empatía aparente… no estaría de más probarlo.
    Tampoco creo que una abeja, insecto, tenga la organización cerebral suficiente como para generar emociones conscientes. Y casi lo mismo podemos decir de las hormigas soldado en situaciones de ataque al hormiguero o cuando todas a uno acuden presurosas a auxiliar a sus larvas cuando corren peligro. En esencia, tal vez, solo Estímulo + Hormonas = Acción . Y aunque las acciones de un mamífero suponen siempre mayor complejidad, también podrían explicarse así. La diferencia con el homo serían , como siempre, de índole conceptual: los animales lo harían inconscientemente y el homo de modo consciente, porque el homo también puede hacer muchas cosas en modo inconsciente cuando su vida o las de los demás corre peligro, como cuando alguien, sin pensarlo ( y así se escribe) se lanza al agua a salvar al bebé que cae al río o a la piscina.
    Saludos.

  16. tomás:

    Amigo “petrus”:
    Veo que, con tu sencilla ecuación, te sumas a las sospechas de Miguel Ángel en su 8. Y lo considero muy posible en animales tales como hormigas.
    En ellas podríamos decir que existe la consciencia, pero no la conciencia. Sin embargo no estoy de acuerdo en que la conciencia haya de tener que restringirse a la moral o la ética. En este tema, a la palabra conciencia le pasa lo mismo que a teoría. Usadas vulgarmente dan lugar a equívocos.
    Para intentar aclararnos yo diría que la consciencia reside en que el ser sea capaz de usar más o menos correctamente sus sentidos del modo habitual en su especie. En cierto modo sería que no estuviese anestesiado.
    Sin embargo la conciencia exige algo así como poder “elegir” -con todas las limitaciones que, para mí, tiene ese concepto-. Ha de tener que ver con el conocimiento, en mayor o menor grado, naturalmente. Un guepardo, en su carrera, no sigue exactamente la trayectoria de la gacela, sino que, en ocasiones, recorta para ganar terreno. Una rapaz no se lanza al lugar donde está el conejo que trata de escapar, sino que calcula el lugar donde estará, so pena de darse un batacazo. Eso no son sentimientos, pero, a mi entender, forman parte de la conciencia. Incluido en ellos, por ejemplo, el miedo. Mi anterior perrita, cuando la llevaba al veterinario, sabía si íbamos a él o no aunque el camino fuese el mismo. Seguramente, alguna actitud mía que era capaz de detectar, se lo manifestaba. Es decir que, para mí, contrariamente a lo que piensa nuestro común amigo “lluís” y, acercándome más a Miguel Ángel, la consciencia es muchos más amplia y básica, pero la conciencia es algo mucho más sofisticado, con sus gradaciones, naturalmente. Esto incluye el clásico reconocimiento ante el espejo. O darse cuenta de que la carroña inmóvil es el resto de un semejante, tal como sucede con los elefantes. Esto último llevó al hombre a los entrerramientos, a honrar a sus muertos y quizá a la creencia en espíritus y dioses.
    Un abrazo.

  17. tomás:

    Querido gran amigo Miguel Ángel:
    Tras la conversación de ayer y que acabo de enterarme de que Jonh Kerry se la acaba de pegar en bici, no me queda otra que puntualizar. Este hombre me ha copiado; pura envidia. Además, yo tengo más experiencia (soy tres años mayor) y reflejos: en tiempos -medido por una sofisticada máquina- igualé al famoso Fitipaldi. Así que veo un lugar apropiado, rápidamente lo aprovecho y ¡zas!: me la pego.
    Concretamente, mi caso fue bajando a mi aparcamiento -tremenda pendiente con suelo muy rugoso para que agarren bien las ruedas- y me encuentro con un coche parado a poco más de media cuesta. Dados mis extraordinarios reflejos freno instantáneamente ¡con freno de disco!; la bici se clava -como debe ser-, se levanta la parte trasera y salgo disparado por encima en un asombroso “aterriza como puedas”. ¡Jo, qué duro estaba el suelo! ¡Puff!. Y cada día me descubro alguna novedad. Anteayer fueron las costillas, hoy un buen hematoma en la cadera.
    Y un precioso caso de empatía -de la que estos días tratamos-: el que había dejado el coche vino a ayudarme: ¡Huyyy, no me toques, no me toques…! fue mi agradecida respuesta mientras intentaba respirar al menos un poco.
    Hay más cosas, pero ya las sabes. ¡Qué tortazo, madre mía!
    Pues nada, hasta otro.

  18. NeoFronteras:

    Apreciado Tomás:
    Me alegro de que no le haya pasado nada grave. Bienvenido al club de “apreté súbitamente el freno de disco de la bici por culpa de un coche”. En mi caso me dolió la muñeca derecha durante varios meses.

  19. tomás:

    Gracias, querido Neo:
    Siempre es un orgullo tener algo en común contigo. La próxima vez procuraré romperme la muñeca derecha.
    Como pongo la radio por la mañana, mientras me aseo y preparo el desayuno, me he enterado de que a J. Kerry se le ha roto el fémur.
    ¿Debería permitírsele entrar en el club? No sé, no sé. Se me hace un tanto estirado.
    Habrá que meditarlo.

  20. Miguel Ángel:

    Queridos RicardM y petrus:

    Perdón por la demora, estaba esperando a ver si devolvían en la biblioteca un libro que leí hace unos años (“¿Por qué las cebras no tienen úlcera?”, de Robert Sapolsky), pero parece ser que lo van devolver fuera de plazo…y ahora ya falta poco para que esta noticia se cierre.
    Cada experiencia cerebral es distinta, tanto si comparamos la experiencia de un humano y un animal como si comparamos la de un humano con otro. Un ejemplo oportuno lo hemos tenido recientemente con ese vestido de señora que se convirtió en viral hace unos meses, cuyos colores se ven distintos según la persona que los mire.
    Lo que señalas sobre la interiorización, RicardM podría ser acertado: en el libro que menciono, se explica que los animales padecen estrés en igual o mayor medida que nosotros, pero sólo mientras dura el peligro. Las ratas son capaces de mantener la tranquilidad aunque que sepan que hay un gato, siempre que no esté demasiado cerca. Se libran de la neurosis de los humanos: a nosotros nos basta co pensar que el león puede aprecer para sufrir casi el mismo estrés que si verdaderamente apareciese.
    Pero, si observamos una misma respuesta ante un mismo estímulo, ¿qué diremos?: ¿que no es empatía pero lo parece?

    Abrazos

  21. tomás:

    Estoy muy de acuerdo contigo, mi gran amigo Miguel Ángel. O eso me parece. Al fin y al cabo los mecanismos neuronales son muy similares. En el caso humano sucede que tenemos un cortex sobredimensionado y ha de suceder que sea el filtro que modifica los inmediatos reflejos emitidos por el límbico, consecuencia ellos de emisiones hormonales, del ambiente, de los pulsos eléctricos, etc. Es decir de la suma del ambiente externo y del interno. Como en todos los demás seres que se nos parezcan neurológicamente, especialmente los mamíferos, más los predadores y más aún los primates, de entre los cuales sobresalimos.
    Nuestro lóbulo supraorbital es mucho mayor y se encarga de prever el futuro; por ello, quizás imaginamos lo que puede suceder si el león se acercase. Así que no esperamos a saber si ha comido o no. Nos alejamos y se acabó el peligro.
    Un fuerte abrazo.

  22. Miguel Ángel:

    Me gusta la secuencia del final de tu primer párrafo, querido Tomás: cuando Sapolsky habla de la inmediatez de la respuesta al estrés, se centra en animales como cebras y roedores. Si nos vamos a animales tan próximos como los primates, parece que se apartan un tanto de este tipo de respuesta para dar una mucho más parecida a la nuestra:

    youtube.com/watch?v=04IhBy9292M

    La secuencia es la siguiente: el gorila (Koko) ha entablado una relación de amistad con un gatito (Robin). El gatito se muere y la cuidadora se lo cuenta a Koko en lenguaje de signos. El gorila expresa su dolor en el momento inicial y parece que se le pasa. Algunas horas después, al llegar la noche, se pone a gemir. Esta última respuesta es diferida y requiere interiorización.

    Abrazos

  23. tomás:

    Asombroso lo que cuentas, mi gran amigo. La mentalización es cuestión de grados. Siempre lo sospeché sin que nadie me lo contase. Creo que hacia los catorce años comenzaron a formarse en mí ese tipo de ideas, justo cuando tuve problemas en el cole por discutir el Génesis. Temí la reacción en mi casa ante una expulsión que parecía inminente, pues la entrevista con el “padre”-director fue terrible.
    Mi teoría era -y supongo que sigue siendo- que la inteligencia de un animal alcanza el nivel más apropiado para desenvolverse en su entorno. Pero eso no quita para que atribuciones no necesarias en su ambiente permitan que piense en otra situación ajena pero que involucre a las mismas zonas cerebrales que ha desarrollado con otro fin. Creo que eso nos sucede a los humanos. Como las plumas de las aves, antes termorreguladoras, luego aprovechadas para volar.
    Un fuerte abrazo.

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