NeoFronteras

Sobre castigo y cooperación

Área: Cooperación,Psicología — viernes, 29 de diciembre de 2017

El castigo no es efectivo a la hora de promover la cooperación entre los jugadores de un juego sobre comportamiento humano.

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No está claro por qué la evolución por selección natural ha favorecido la cooperación entre individuos que son inherentemente egoístas. Pero, al menos en el caso del ser humano, si no fuera por esa cooperación no hubiéramos llegado adonde estamos. La cooperación mantiene la estabilidad de las sociedades humanas. Da la impresión de que en nuestros cerebros esta está de algún modo preprogramada.

El problema fundamental es que la cooperación suele tener un coste para el que coopera. Por ejemplo, ante un desastre natural o de cualquier otro tipo, los que avisan o ayudan se juegan su propia vida. A veces, efectivamente, la pierden.

También hay aprovechados que se benefician de la cooperación entre los individuos de la comunidad y no aportan nada a ella. A veces sólo maldad. El ser humano ha inventado mecanismos para evitar estos aprovechados, muchas veces en forma de ley que castiga con cárcel o multas las conductas más trasgresoras. Los estudios han demostrado que sentimos placer al castigar a los aprovechados, por lo que parece que esto del castigo también es un tanto innato en nosotros. Hasta algunos monos se revelan si son víctimas de lo que consideran una injusticia.

Si no fuera por el castigo, la cooperación podría desaparecer bajo la explotación de los aprovechados. Si en un país todo el mundo defrauda a la Hacienda pública, no hacerlo es de tontos. Al final se recauda menos y se obtienen menos servicios. Sin la coerción del castigo al final nadie pagaría impuestos.

Pero la aplicación del castigo tiene un coste. A veces este es tan grande, que es una carga muy pesada para los que lo aplican individualmente. Aunque dilemas como el juego del ultimátum demuestran que muchas veces estamos dispuestos a pagar el precio. De nuevo, esto del fomento de la cooperación parece innato en nosotros.

De todos modos, los modelos matemáticos muestran que la cooperación se fuerza mejor si el coste del castigo recae sobre toda la comunidad y no sobre unos pocos individuos.

Pero el papel del castigo como principal fuerza coercitiva para fomentar la cooperación se ha puesto en duda en diversos estudios en los últimos años. Entre los investigadores sobre el tema se ha venido discutiendo si es mejor la zanahoria que el palo.

Para dilucidar este aspecto un grupo de investigadores liderado por Marko Jusup (Universidad de Hokkaido en Japón) y por Zhen Wang (Universidad Politécnica de China) diseñó un experimento basado en un juego consistente en un dilema social.

Estos científicos investigaron si la aplicación del castigo como una opción ayudaba a mejorar el nivel de cooperación a nivel general en una red de individuos que se mantuvo constante.

Para ello usaron el típico dilema del prisionero al que jugaron 225 estudiantes chinos organizados en tres grupos. Cada uno jugó 50 jugadas a este juego. Como todos sabemos, el dilema del prisionero no tiene solución si se juega una sola vez, pero sí la tiene si se juega varias veces con los mismos jugadores.

En uno de los grupos, cada estudiante jugó contra dos oponentes que cambiaban cada vez. Los voluntarios escogían entre cooperar o desertar y se otorgaban puntos basándose en la combinación de elecciones realizadas. Si uno de los voluntarios y sus dos oponentes elegían desertar el voluntario ganaba cero puntos. Si todos elegían cooperar el voluntario ganaba 4 puntos. Si sólo el voluntario elegía desertar mientras que los oponentes elegían cooperar la ganancia para el voluntario era de 8 puntos.

En el segundo grupo todo era igual al primero, excepto en que los jugadores eran siempre los mismos hasta el final del juego, tras las 50 jugadas. De este modo, los jugadores implicados terminaban teniendo una idea de cómo eran las características de los otros en cuento a estilo de juego.

En el tercer grupo se operó como en el segundo, pero con la opción de poder castigar. La aplicación del castigo conllevaba una pequeña reducción en los puntos al castigador y una gran reducción de puntos al que era castigado.

Al final del juego se contaron todos los puntos conseguidos y a los voluntarios se les dio una compensación monetaria proporcional al número de puntos que consiguieron.

Lo esperado era que si los individuos jugaban con los mismos oponentes a lo largo diversas jugadas, verían los beneficios de la cooperación y cooperarían para así ganar más puntos y, por tanto, más dinero. Como era de esperar, los investigadores encontraron que los jugadores del primer grupo cooperaron muy poco (un 4%), al cambiar continuamente de oponentes, frente a un 38% de cooperación del segundo grupo.

La introducción del castigo venía a decir: si no cooperas, te castigaré. En teoría, la introducción del castigo debía de aumentar la cooperación. Sin embargo, no fue así, pues la cooperación en el tercer grupo en donde había castigo cayó a un 37%. Además, las ganancias finales en este grupo también fueron inferiores a las del segundo.

Así que este experimento sobre el comportamiento humano mostraría que el castigo no es efectivo a la hora de promover la cooperación entre los jugadores.

En el tercer grupo hubo menos deserción comparado con el segundo grupo, pero sólo porque algunos jugadores cambiaron la deserción por el castigo.

Según sostienen los investigadores, el mensaje implícito de “quiero que cooperes” del castigo tiene el efecto inmediato de mandar el mensaje de “quiero hacerte daño”.

Los castigos parecían tener, en general, un efecto desmoralizante según los individuos que son castigados en múltiples ocasiones ven en cierto periodo de tiempo buena parte del total de sus ganancias desaparecer como consecuencia del castigo. Esto llevaría a los jugadores a perder interés por el juego y a jugar el resto de las jugadas con una estrategia menos racional. Además, la posibilidad de castigar como una opción parece también reducir el incentivo de elegir la opción de cooperar en lugar de competir.

Entonces, ¿por qué el castigo ha penetrado tanto en las sociedades humanas? “Podría ser que el cerebro humano esté diseñado para producir placer al ver castigar a los competidores”, dice Jusup. “Sin embargo, es más probable que en, la vida real, un lado dominante tenga la capacidad de castigar sin que esto provoque represalias”, añade Wang.

El resultado tiene implicaciones a la hora de comprender cómo la cooperación evoluciona hasta tener una papel formativo en las sociedades humanas.

Pero, según dicen los propios investigadores, aunque el estudio proporciona importantes perspectivas sobre cómo aparece la cooperación en las sociedades humanas, sería poco sensato extrapolar las implicaciones de este estudio más allá del contexto experimental empleado.

Copyleft: atribuir con enlace a http://neofronteras.com/?p=5900

Fuentes y referencias:
Artículo original.
Esquema: Universidad de Hokkaido.

Salvo que se exprese lo contrario esta obra está bajo una licencia Creative Commons.
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18 Comentarios »

  1. Miguel Ángel:

    Con una muestra de 225 estudiantes, supongo que se requerirán incrementos o decrementos de un 5% o algo más, de cara a las estadísticas, para considerarlos significativos. De modo que la lectura del 38 al 37%, sería que se ha mantenido estable el grado de cooperación.

  2. tomás:

    Dice el artículo: “… hasta algunos monos se rebelan…”. Y sabemos que también los elefantes e incluso creo que algún delfín o una orca, no recuerdo bien.

  3. Miguel Ángel:

    Hablando de lo contrario a “cooperación”, Donald Trump cierra el año lamentándose de que el calentamiento no sea mayor, aprovechando una ola de frío que está pasando en EEUU.

  4. tomás:

    El muy ignorante no cae en lo que sucederá en el extenso sur, especialmente en los estados de clima continental como Arizona, New Mexic, Texas, etc., ni en la crecientes violencias de los huracanes, ni en los incendios que ya han aumentado notablemente, ni en que media, si no toda, New York y otras ciudades quedarán sumergidas, lo cual podrán ver sus nietos, pues gran parte está al nivel del mar.
    Le considero el político más pernicioso del mundo, solo comparable con el redondo coreano del norte, el tal Piongyang.

  5. tomás:

    Debo ser un primate muy básico, porque me indigna en grado sumo que, tal como indica el artículo, verdaderos canallas, algunos con crímenes contra la humanidad se vayan de rositas, además engañando al fingir enfermedad, y al día siguiente estén más frescos que una rosa: Pinochet, Fujimori y alguno más. Otros, igual de criminales, pero sin reírse en nuestra cara: Stalin, Franco y otros. Por último los corruptos que, por lo visto, lograrán evitar la cárcel: algunos expresidentes sudamericanos, y muchos políticos españoles a los que prefiero no nombrar. Emulando a Cantinflas en “Los tres mosqueteros”: no quiero decir quien son, pero los veo en la tele con frecuencia.

  6. petrus:

    No veo que un ser humano , considerado únicamente como una especie animal más , tenga más motivos que los que tiene un perro, por ejemplo, para cooperar con los de otra manada. Más bien, creo que no cooperará voluntariamente mientras no espere un beneficio. Y esa será la postura benigna, mientras solo espere beneficios. SI la cooperación se fuerza mediante castigo, el principio básico será buscar el menor perjuicio, y al calibrarlo y comparar beneficio con perjuicio, se obrará en consecuencia… Más o menos como el perro del pastor o el mío. Si no hay otros valores o creencias, todo esto de la cooperación voluntaria es una discusión inútil. Si no considero al otro como miembro de mi manada o grupo donde se comparten los beneficios, deja de serme útil y no tendré ningún interés en cooperar salvo si algún beneficio esperado lo merece o algún castigo pesa más en la balanza… Claro que hay muchos humanos que consideran o tal vez consideramos a los demás como miembros de la manada, al menos teóricamente. Y algunos que son capaces de entregar incluso su vida por ellos sin pedir nada a cambio. ¿ Qué razones tienen ? Creo que ninguna razón práctica inmediata o medible , pero sí consideraciones más allá de las utilitarias.

  7. tomás:

    Muy querido “petrus”: Lamento no estar de acuerdo al 100 % contigo. Es decir, en una parte sí, pero no en la total generalización que haces en más de la primera mitad de tu comentario. Porque si no, contéstame a tu pregunta “¿Qué razones tienen?”. Son incontables los que hacen cuanto dices a partir de “Claro que hay muchos…”, sin esperar absolutamente nada. Estoy convencido de que algunos o quizá bastantes piensen que con ello ganan el cielo, lo cual merma su generosidad, pero muchos ateos, entregan su colaboración, con -a veces- riesgo de sus vidas sin esperar absolutamente nada. Tal actitud me consta de primera mano por lo que no se me puede refutar. Cuando sucede algún grave peligro y hay que actuar, no da tiempo a pensar; te lanzas o huyes. Y ya está. Simplemente es así: ni siquiera eliges, porque no hay tiempo. Otra cuestión, más valiosa y meritoria porque es meditada y decida con tiempo es la de aquellos que, por ejemplo, se dedican a salvar a náufragos migrantes o se atreven a ir donde la virulencia de una epidemia es patente. Aquí destaca la profesión médica o incluso la de quienes no perteneciendo a ella, van para ayudar en lo que puedan.
    Un fuerte abrazo y mis mejores deseos para ti y los tuyos.

  8. tomás:

    No sé si este comentario puedo ponerlo aquí. Si así no fuera, pido a Neo no lo publique y me abstendré de volver sobre el tema.
    Ayer mi nieta cumplió quince años. Como es natural, recibió regalos de cada uno de los que asistimos al pequeño refrigerio de dulces y cosas así. Además recibió uno del colegio donde estudia, de también muy dulces monjitas religiosas, obsequio que no quiso abrir hasta que estuviésemos todos juntos, pues le habían dicho que era una sorpresa. Y lo fue: un puzle que, al resolverlo, mostraba la bandera independentista catalana. Creo que esto es un abuso y una vergüenza.
    A raíz de ello se originó una dialéctica muy razonada e interesante, pues estábamos allí tres generaciones: los abuelos, los padres, tías con sus parejas y los nietos. En total diez personas de las cuales, la quinceañera era la más joven y yo el mayor, ya comenzada mi cuarta juventud. No estaba nada mal intelectualmente porque la chica posee una inteligencia y un sentido común de altura, seguramente, además de
    por sus dotes naturales, por la educación que ha recibido de su padre, mi hijo, del que me maravilla su preciso razonamiento, y un abrumador currículum, además de una afición al estudio poco común. Había una maestra, un abogado, una moza de escuadra, dos ingenieros, un profesor doctorado que domina varios idiomas europeos y algunos norteafricanos, una profesora de ballet y los demás, de cultura común. Pronto se formaron dos opiniones, una insegura y otra firme. De la primera participaban mayoritariamente los más jóvenes: mi nieta, mi nieto y mi hija menor. El problema que mostraban es que no tenían claro si votar era equivalente a democracia: no afirmaban que lo fuese, pero hacían valer ciertos razonamientos que debían considerarse. Su padre, el abogado y yo, les explicamos que el derecho a pensar libremente y el derecho al voto, si bien son requisito de la democracia, no lo son todo; la democracia es algo más; por ejemplo que hay que hacerlo respetando la ley. ¿Y si la ley es injusta?, argumentaban. Se cambia la ley; no se incumple, se cambia, les explicábamos. Y poníamos como ejemplo un edificio que no aceptase por votación de los propietarios la pertenencia a la comunidad de alguien de otra raza o condición; sería ejemplo de una injusticia que una mayoría de votos no puede vencer. Bueno, así transcurrió el cumpleaños prolongándose mucho más de lo previsto, pero que, por su desarrollo, permitió que el abuso del regalo se convirtiese en una lección de democracia.
    Lo que deseo exponer con esto es que el aleccionamiento independentista en las escuelas Cataluña es un hecho indiscutible, hasta el punto que mi hijo ha decidido marcharse porque no le permiten ser ecuánime, que lo es. No es “españolista facha”, ni yo lo soy, aunque se nos califique así. Ambos respetamos la opinión de los demás, pero se debe respetar la mía, de modo que es muy posible que también yo me marche. Porque todo esto tiene mala y larga solución si es que la alcanza. Hasta ahora, salvo la casi segura pérdida de RicardM y la posible de Dr. Thriller, he conseguido mantener conversaciones civilizadas con independentistas como mi abogada o mi enfermera, pero no le sucede lo mismo a mi hijo porque es profesor en medio de todo un profesorado y una dirección del centro absolutamente intolerante con quien no sea de esa tendencia oficial. Allí no se puede hablar español y mi hijo lo hace. La directora le llama la atención y mi hijo la vapulea dialécticamente, pero eso significa que nunca podrá progresar como legítimamente desea. O sea, que se marcha con gran disgusto y pena para mí. Nada más.
    Abrazos.

  9. JavierL:

    Pues yo estoy de acuerdo con el 6 de petrus, tenemos razones egoístas para ayudar o cualquier cosa…

    Referente a lo que comenta Tomás yo diría que sentirse bien es una razón egoísta para ayudar… O cual pone la religión, la deseos de un mundo mejor, el desconsuelo de ver sufriendo a la demás o cosas así como una recompensa más a la hora de ayudar.

  10. Miguel Ángel:

    Queridos Tomás, Petrus y JavierL:

    Durante la grabación de este documental, se pudo filmar un ejemplo asombroso de altruismo entre dos especies diferentes de ballenas. He visto muchos documentales, pero nunca nada parecido:

    http://www.rtve.es/alacarta/videos/grandes-documentales/grandes-documentales-guerra-ballenas-orcas-atacan/4399414/

    Se trata de un grupo de ballenas jorobadas que acuden a ayudar a una ballenato de otra especie (ballena gris), que acaba de sufrir el ataque de unas orcas.
    Pero mencionan otro caso todavía más espectacular: otra ballena jorobada que remolcó, sobre una de sus aletas, a una foca que estaba siendo víctima de otro ataque de un grupo de orcas. Lo impresionante es que estuvo nadando boca abajo, muy cerca de la superficie durante 20 minutos, sin salir a respirar, con la foca sobre una de las aletas laterales, hasta que las orcas desistieron.
    El experto que interviene, comenta que estos dos ejemplos de comportamiento solamente se puede explicar apelando a la empatía.

  11. tomás:

    A JavierL: El sentirse más o menos bien es una cuestión a la que no me refiero con en esa pequeña diferencia que mantengo con “petrus”. Por decir algo, uno puede sentirse satisfecho o feliz al entregar una suma que sea importante para su economía y, simultáneamente dolerse por perder ese dinero que tan bien le vendría para sus propias necesidades: esto podría llamarse el límite de equilibrio. No. Yo me refería, sin citarlo, al atenuado ahora “gran negocio de la salvación”, que no recuerdo el santo que fuera el primero en llamarlo así, sin tapujos. Es decir, cambiar las buenas acciones en este mundo por la salvación eterna (o incluso el razonamiento de Pascal). Paralelo al arte por el arte, prefiero hacer el bien sin esperar nada, ni siquiera satisfacción. Incluso llamarse idiota a sí mismo por haberse pasado en generosidad.
    Un abrazo.

  12. tomás:

    A Miguel Ángel: Magnífica recomendación. Gracias mil.
    Un abrazo.

  13. JavierL:

    Amigo tomas yo tampoco niego que haya individuos que ayuden sin recibir en recompensa la autosatifaccion de hacerlo.

    No podrían entender alguien que ayude, sintiéndose mal por hacerlo, y sin tampoco beneficio material, o genético (hijos).

    Los casos que conozco aunque no reciba nada a cambio al menos se sienten bien haciendo siendo esta recompensa neuronal suficiente recompensa para hacer la actividad.

  14. Miguel Ángel:

    Añado otro caso de altruismo por parte de ballenas jorobadas que se ha hecho viral en las últimas horas. Aunque ya exitían testimonios de buzos y surfistas que habían sido ayudados por delfines o ballenas, es la primera vez que se consigue una grabación, aunque en el vídeo no llega a apreciarse bien. Una bióloga es rescatada del ataque de un tiburón:

    http://www.20minutos.es/noticia/3229683/0/ballena-protege-biologa-ataque/

    Ahora nos toca a nosotros proteger a estos gigantes altruistas.

  15. Miguel Ángel:

    Y ahora que estoy investigando un poco más, al parecer se ha observado este tipo de conducta por parte de ballenas jorobadas en 115 casos más, rescatando a otras especies de ballena, leones marinos, peces luna, focas y, como acabamos de ver, humanos.

    http://www.teknlife.com/noticia/las-ballenas-jorobadas-ayudan-otras-especies-escapar-las-orcas/

    Awesome.

  16. tomás:

    Es que intentamos comparar con nuestra mente las de otras especies, y en esta ocasión las jorobadas nos mejoran.

  17. Miguel Ángel:

    Creíamos que sus cantos tenían el poder de subyugar nuestras mentes. Buenas noticias también para estas ballenas, que siguen aumentado en número tras prohibirse su pesca: con más de 80.000 ejemplares espléndidos (en el doble sentido del vocablo), ya están fuera de la lista de especies en peligro.

  18. tomás:

    Eso lo creía Ulises, pero no eran ballenas sino sirenas, que supongo no creería fuesen jorobadas. Pero yo te comprendo y sé que también nuestros compañeros: eres optimista y te alegras de la buena noticia; y yo contigo.
    Un fuerte abrazo.

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