NeoFronteras

Hace 3 millones de años andábamos igual que ahora

Área: Antropología — lunes, 22 de marzo de 2010

Nuestros antepasados de hace 3,6 millones de años ya adoptaron una postura erguida al caminar, pese a tener rasgos anatómicos simiescos pensados para vivir en los árboles.

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Nosotros, como únicos primates que podemos andar sobre dos piernas, nos sentimos especiales. Nuestros antepasados, al erguirse sobre el suelo y poder mirar más allá, no solamente pudieron ver antes a sus enemigos y sobrevivir, sino que realizaron un acto que creemos único por su significado simbólico. Con ello, además, tuvimos las manos libre para hacer otras cosas, como usar herramientas y crear tecnología, aunque ésta fuera de piedra. Por eso, toda noticia de Paleoantropología que hable de cuándo conseguimos esta postura erguida nos parece importante.
Hace tres millones de años nuestros antepasados pasaban todavía bastante tiempo en los árboles, la cuestión es si bajaron al suelo y a partir de entonces comenzaron una larga carrera evolutiva hacia el bipedismo o si ya entonces tenían la capacidad fisiológica de poder andar a dos patas de manera eficiente.
Ahora David Raichlen, de University of Arizona, y sus colaboradores de University at Albany y de City University of New York’s Lehman College ha aportado pruebas experimentales que indican que los primeros homínidos de hace 3,6 millones de años ya podían caminar como los humanos actuales.
Hace más de 30 años se descubrieron las huellas dejadas por un homínido cuando hace 3,6 millones de años andaba sobre cenizas volcánicas. Esas huellas fósiles, que tienen un valor iconográfico sólo comparable a las huellas dejadas por Neil Armstrong en la Luna, tienen todavía más valía científica y su significado en la evolución humana se ha debatido desde entonces. Estos investigadores han analizado tridimensionalmente estas huellas llegando a la conclusión de que muestran claras señales de bipedalismo, haciendo del Australopithecus afarensis la única especie viva del área en aquella época capaz de tal proeza. Esta especie incluye a Lucy, cuyo esqueleto es el más completo que se conserva a día de hoy de Australopithecus afarensis.
Hay varios rasgos en las caderas, piernas y espalda que indican que esta especie podría caminar sobre dos piernas mientras estaba en el suelo. Pero la curvatura de los dedos de las manos y pies y orientación de los hombros indican que Lucy y otros miembros de su especie además pasaban bastante tiempo en los árboles.
Esta morfología difiere de nuestro propio género que abandonó la vida en los árboles hace 2 millones de años. Desde que se descubrieran las huellas de Laetoli los científicos han debatido sobre si indicaban o no que el ser que las dejó allí andaba sobre dos piernas como lo hacen los chimpancés actuales o como lo hacen los humanos modernos.
Para resolver este dilema este grupo de investigadores ha realizado el primer estudio biomecánico de las huellas, comparándolo con experimentos en los que capturaron el movimiento de los pies de voluntarios sobre una superficie cubierta con arena. Los humanos que se prestaron a los ensayos caminaron de dos maneras distintas: la manera habitual y lo más aproximadamente posible a como lo haría un chimpancé. Se recolectaron moldes tridimensionales de las huellas dejadas en ambos casos para compararlas con las huellas de Laetoli.

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Comparativa entre las huellas dejadas por humanos al andar con dos posibles posturas y una de las huellas dejadas hace 3,6 millones de años en Laetoli. Fuente: David Raichlen y colaboradores.

Analizando la profundidad relativa de las huellas, así como las dejadas por el talón y los dedos, llegaron a la conclusión que los homínidos de hace 3,6 millones de años ya caminaban como lo hacen los humanos, con una postura erguida. Al parecer la clave está en la profundidad de la señal dejada por los dedos, que es más profunda que la dejada por el talón cuando la postura es encorvada.
El resultado ha sido una sorpresa para los investigadores, pues esperaban una postura más simiesca en el Australopithecus afarensis. Las huellas de Laetoli tienen la misma profundidad para los dedos y el talón, tal y como sucede en las huellas dejadas por humanos modernos.
Según Raichlen esta forma de caminar es muy eficiente desde el punto de vista energético, lo que sugiere que la reducción de costo energético fue importante a la hora de la evolución del bipedalismo, siendo su origen previo a la aparición de nuestro propio género.
Si las huellas de Laetoli fueron dejadas por la misma especie a la que perteneció Lucy, como la mayoría de los expertos creen, este resultado tendría implicaciones interesantes en la cronología de los eventos evolutivos que finalmente permitieron la aparición del ser humano.
Quizás lo más fascinante sea que este estudio sugiere que cuando nuestros “antepasados” tenían una anatomía pensada para pasar mucho tiempo en los árboles ya habían desarrollado una manera muy eficiente de andar sobre dos piernas, de la misma manera a como lo hacen los humanos modernos.
Esos antepasados nuestros de hace 3,6 millones de años no estaban comprometidos a vivir a tiempo completo en los árboles o en el suelo, sino que no fue hasta un millón de años más tarde cuando se dio la transición. El hecho de que un animal arborícola como Lucy tuviera una manera moderna de andar sería un testamento de la importancia de la eficiencia energética de moverse sobre dos piernas.

Copyleft: atribuir con enlace a http://neofronteras.com/?p=3045

Fuentes y referencias:
Nota de prensa de University of Arizona.
«Laetoli Footprints Preserve Earliest Direct Evidence of Human-like Bipedal Biomechanics». Artículo origianl en PLoS One.

Salvo que se exprese lo contrario esta obra está bajo una licencia Creative Commons.
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7 Comentarios

  1. tomás:

    Supongo que, en algún momento, se habrán tomado huellas de chimpancés, gorilas y gibones, sobre todo de estos últimos que parecen ser los que más derechos caminan, aunque creo que cortos trechos. No sé si su poco peso representa un problema.
    Dando por bueno el estudio, en el que las huellas que se muestran parecen convincentes, nunca he podido entender qué hizo que aquellos indviduos caminasen poniendo sus huellas sobre los que les precedían en la marcha. ¿Quizá la ceniza estaba caliente? Pero, entonces no era un tranquilo paseo.
    ¿A alguien se le ocurre una razón?

  2. tomás:

    He buscado un libro que tengo sobre el tema y en él vienen esas huellas. Dice que corresponden a dos adultos y un niño, y este era el que pisaba las huellas de los adultos. ¿Acaso jugaría? Eso concuerda con el paseo tranquilo.

  3. lluís:

    Quizá pisar sobre unas huellas ya marcadas les daba una mayor confianza o hacian algo menos de esfuerzo al estar ya más compactadas las cenizas con el consiguiente ahorro energético. Y cuando lees estas cosas piensas inmediatamente en como en muchos colegios de Sudamérica,( y no sólo), se les hace cantar a los niños y niñas aquello de » no venimos del mono, no, no,no; ni de la naranja, ja, ja. ja….etc.». No entiendo como toda esa gente es incapaz de razonar, o al menos dudar mínimamente de sus creencias. O quizá si lo entiendo, pero no lo comprendo.

  4. NeoFronteras:

    Estimado Tomás:
    Me agrada la idea del juego de ir pisando sobre las huellas del adulto, denotaría algo más que lo simplemente práctico.

    Estimado Lluís:
    «La fe tiene razones que la razón no entiende» y encima algunos toman la frase anterior como positiva, así que no tenemos remedio. Posiblemente haya algo físico en el cerebro que predisponga hacia el pensamiento irracional, no hay otra explicación. Es que no es sólo la religión es la conspiranoia, la parapsicología, las pulseras magnéticas, el espiritismo, la telepatía… Incluso gente universitaria cree en alguna de ellas.

  5. NeoFronteras:

    De todos modos, ¡qué cosa tan magnífica que se hayan conservado esas huellas! Cuanto más se piensa en ello más profundo parece su significado. Los seres que las dejaron no fueron conscientes de ello, ni de que su inesperada «obra» durara más tres millones de años. Todo a partir de una escena corriente y posiblemente cotidiana. Mientras que los átomos que una vez formaron sus cuerpos (y sus pies) posiblemente estén repartidos ya por toda la corteza terrestre. Y ahora las medimos al milímetro para exprimir de ellas cualquier pizca de información.
    Un grupo complejo de átomos se organizaron para dejar unas huellas y otros grupos de átomos las estudian 3,6 millones de años más tarde.

  6. tomás:

    No podemos saber si en ese momento jugaba el muchacho, pero dado que prácticamente todos -y sólo- los mamíferos juegan, parece muy probable. Además ello significaría que debió das zancadas ya que su estatura sería menor. Todo ello parece concordar con una actividad lúdica en un crío sin preocupaciones que, de otra manera, se aburriría, pues ya va el padre delante por si hubiera algún problema, aunque el paseo fuese tranquilo.
    Un saludo.

  7. RicardM:

    Las cuestiones que plantea Tomás ponen de manifiesto el gran valor de las huellas de pisadas de nuestros ancestros así como de las icnitas de los dinosaurios o los simples rastros que seres marinos dejaron en el limo. Porque describen el comportamiento de un ser vivo. Los restos fósiles nos dicen como eran, mientras que las huellas nos dicen qué hacían. Lástima que las condiciones fosilización de las huellas son mucho más excepcionales que las de los restos fósiles materiales.

    Saludos cordiales.

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