NeoFronteras

La larga vida de las ratas topo

Área: Biología,Medicina — sábado, 3 de febrero de 2018

Un estudio pone de manifiesto que las ratas topo envejecen a un ritmo mucho más lento que el resto de los mamíferos.

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Las ratas topo (Heterocephalus glaber) son unos mamíferos roedores muy singulares que viven en zonas desérticas del este de África. Se caracterizan por formar colonias subterráneas de unos 300 individuos que funcionan de un modo similar a la de los insectos sociales. Es decir, son similares en sus relaciones sociales a las hormigas y abejas.

Es verdad que son increíblemente feas, pero, a cambio, no sienten ciertos tipos de dolor y sufren una muy escasa incidencia de cáncer. Además, ya vimos en este mismo sitio web, que pueden sobrevivir 18 minutos a la falta de oxígeno gracias que metabolizan fructosa siguiendo la misma ruta que usan las plantas.

Ahora, un nuevo estudio sostiene que envejecen a un ritmo mucho más lento que mamíferos equivalentes, llegando a vivir mucho más tiempo que ellos. Son una excepción en este sentido entre todos los mamíferos. Básicamente, según aumentan en edad, su tasa de mortalidad permanece más baja que la de cualquier otro mamífero que haya sido estudiado en este sentido.

Como ejemplo con el que comparar, podemos fijarnos en otros roedores, como los ratones. Estos viven en cautividad unos 4 años. Extrapolando esta edad máxima y corrigiendo en tamaño, las ratas topo sólo vivirían hasta unos 6 años. Sin embargo, la realidad es que viven más allá de los 30 años e incluso a esa edad las hembras permanecen fértiles, pues no parecen sufrir menopausia.

Pero calcular esto no es fácil, pues hay que hacer un seguimiento durante mucho tiempo. Se saben estos y otros datos gracias a Rochelle Buffenstein (Calico Life Sciences LLC) y colaboradores. Esta investigadora ha estudiado a estos roedores desde hace 30 años. Para cada animal de esta especie que ha quedado a su cuidado, ha anotado la fecha de nacimiento y la de su muerte y si esta se ha debido o no a factores externos, como los propios experimentos a los que han sido sometidas.

Usando estos datos, que suman unos 3000 puntos, ha descubierto que las ratas topo no siguen la ley de Gompertz, que es una ecuación matemática que relaciona la edad con la probabilidad de morir. Esta ley fue propuesta por Benjamin Gompertz en 1825 y sostiene que esta probabilidad de muerte aumenta exponencialmente con la edad. Así, por ejemplo, en humanos, la probabilidad de morir se dobla cada 8 años después de cumplir los treinta años. Para este caso, si es representada gráficamente, se obtiene algo así:

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Obsérvese que el eje de la y está en escala logarítmica, no lineal.

Se puede obtener un comportamiento similar para otras especies de mamíferos usando la misma ecuación con el oportuno ajuste de los parámetros. Obviamente, esto se estudia en el ambiente controlado del laboratorio para evitar contabilizar accidentes y similares. La muerte por ser depredado no se cuenta en este tipo de estudios. En humanos tampoco se cuentan las muertes accidentales y debidas a factores externos.

Sin embargo, Buffenstein no observa esta tendencia de tipo Gompertz en sus animales. Calculó que, una vez que estos alcanzan la madurez sexual a los 6 meses de edad, la probabilidad diaria que tiene una rata topo de morir es de una posibilidad en 10.000, valor que permanece igual para el resto de su vida e incluso disminuye un poco más con la edad. Además, esta longevidad es además independiente del sexo y del estatus en la crianza del individuo.

“Para mí es el dato más excitante que nunca he deducido. Va en contra de todo lo que sabemos en términos de biología de mamíferos”, dice Buffenstein.

En estudios previos se había mostrado que las ratas topo tienen un sistema de reparación de ADN muy activo y altos niveles de proteínas caperonas, que son moléculas que ayudan a otras proteínas a plegarse correctamente. Buffenstein cree que son estos sistemas los responsables de la larga vida de estos animales, al reparar constantemente los daños que puedan ir apareciendo en sus cuerpos, en lugar de dejar que se vayan acumulando daños que normalmente se asocian con la edad. Ello conseguiría retrasar el envejecimiento.

De todos modos, hay que ser cautelosos, pues hay una pega estadística en este estudio. La mayoría de los animales fueron muertos o trasladados a otros laboratorios, lo que ha obligado ha hacer los cálculos con menos de 50 animales y sólo sobre los últimos 15 años, siendo 35 años la edad del individuo más longevo. Se necesitarían más ratas topos y de más edad para hacer un estudio mejor.

También es posible que estos roedores presenten envejecimiento, pero que este se dé a una edad mucho más avanzada en términos relativos que en otros mamíferos.

Puede que de este tipo de estudios se extraigan consecuencias médicas que puedan aplicar en humanos algún día, pero muy a largo plazo.

Además, esto nos recuerda lo sorprendente y rara que puede ser la vida en la Tierra, por lo que otros tipos de vida en otros lugares del Cosmos seguro que son mucho más extrañas y fantásticas de lo que imaginamos.

Copyleft: atribuir con enlace a http://neofronteras.com/?p=5981

Fuentes y referencias:
Artículo original.
Foto: Tim Evanson, vía Flickr.
Gráfico: Wikipedia.

Salvo que se exprese lo contrario esta obra está bajo una licencia Creative Commons.
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20 Comentarios »

  1. lluís:

    La probabilidad va de O a 1 y en medio quedan las décimas de probabilidad o porcentaje de probabilidad hasta llegar a 1 que es cuando se cumple la probabilidad. Las posibilidades, no. Se hace bien en distinguir aquí entre probabilidad y posibilidad. Normalmente en sitios de ciencia se hace esa distinción. Pero en la “calle” reina la confusión entre probabilidad ( hablan en plural de “probabilidades”) y posibilidades ( de las que puede haber varias). No conocía, por otra parte, esa ley de Gompertz, que al parecer, por lo que acontece con la “rata topo” no se cumple, luego no sería tan ley.

  2. Miguel Ángel:

    Tampoco se cumple en los vencejos, por ejemplo.
    El incremento en expectativa de vida es muy grande: el equivalente sería que hubiese, dentro del grupo de los primates, una especie capaz de vivir más de 500 años.

  3. tomás:

    Todo parece indicar que habría de encontrarse el modo de reparar los errores que van acumulándose en el ADN, posiblemente con esas moléculas caperonas.
    Pienso que cuando, como en este caso esa “ley”, no lo es tanto, mejor llamarle tendencia, como en un párrafo posterior se hace en el artículo.

  4. Peter:

    Habria que observar y analizar mas, por ejemplo curvas de aprendizaje,y caracterizar su sociabilidad, que podria estimular la secrecion de caperonas.

  5. tomás:

    Querido Miguel: Ese incremento en la expectativa que comparas con 500 años en alguna especie de primate, ¿se refiere a las ratas o a los vencejos?

  6. Miguel Ángel:

    A las ratas topo, amigo Tomás, aunque en realidad me sale algo más: haciendo un repaso a los roedores de tamaño parecido, un hámster sirio viviría 2 años, y si fuese una rata o una musaraña grande, lo mismo. Hay gerbos de ese tamaño que viven 5 o 6 años y si fuse una ardilla hasta 10 años.
    Si hago una media, me salen 5 años, calculando que la rata topo viva 35, es una esperanza de vida 7 veces mayor. Calculando 80 años de esperanza de vida en humanos: 560 años.

    Abrazos.

  7. Miguel Ángel:

    *He hecho un solo grupo con las ratas y los hámsteres y los tras 3 grupos restantes serían las musarañas, los gerbos y las ardillas, así, llego a una media de 5 (aproximadamente).

  8. tomás:

    Bien, puede tomarse como un cálculo para tener una idea del tema, pero ya que estamos en ello, te pregunto ¿qué razón biológica hace que los animales pequeños vivan menos que los animales grandes?
    Pienso que si los animales pequeños viviesen mucho, multiplicándose como lo hacen, no tardarían en superar lo insoportable para el territorio que ocupasen. Pero podría haber hecho la naturaleza que fuesen menos prolíficos aunque si -como digo- lo fuesen menos, no servirían de presa para animales mayores, o si son insectívoros, si hubiera menos por su menor reproducción, los insectos tomarían la Tierra. Pero, de todas formas podría mantenerse el número de estos pequeños animales con larga vida si su multiplicación durase mucho, hasta casi la muerte del animal, aunque distanciando los alumbramientos. Bueno, son cosas que se me ocurren.
    Un fuerte abrazo.

  9. tomás:

    También se me ocurre que si los animales grandes viviesen poco, su crecimiento habría de ser excesivamente rápido, consumiendo mucha energía en ello, además de que el esfuerzo de la naturaleza en partos poco separados en el tiempo también requeriría mucha energía sin utilidad por parte de las gestantes, pues el embarazo debería durar poco para dar lugar al siguiente, o alumbrar varios individuos a la vez.
    O sea que una cierta proporcionalidad entre el tamaño y la longevidad parece razonable desde el punto de vista de lo sostenible de la cadena alimenticia, lo cual deriva de lo evolutivo.
    Pues otro abrazo.

  10. Miguel Ángel:

    Otro asunto sin resolver, querido Tomás: uno de los argumentos clásicos que se suelen esgrimir hace referencia a algo que has perfilado: la velocidad del metabolismo, el consumo de calorías o la frecuencia cardiaca, son sensiblemente mayores en los animales pequeños con respecto a los grandes. Según este argumento, el corazón latiría unas 5.000 veces hasta agotarse, lo que supone dos años para un ratón, 90 para un ser humano o 250 para una ballena boreal.
    Sin embargo, tenemos un contraejemplo con la IGF (un mediador hpático de la hormona de crecimiento): dentro de una misma especie, nivles bajos de IGF se relacionan con mayor longevidad. El ejemplo es que los perros de razas pequeñas pueden vivir más de 20 años, mientras los de raza grande, rara vez superan la decena de años.

    Reabrázote.

  11. Miguel Ángel:

    *Chocaría con el primer argumento porque un perro pequeño tiene mayor frecuencia cardiaca que uno grande.

  12. tomás:

    Había pensado ligeramente en ello acordándome de los colibrís y las musarañas, pero me pareció extenderme demasiado metiendo otro comentario más -serían tres seguidos-. Lo que ha de suceder es que existen variables que no tenemos en cuenta y que pueden afectar a unas especies y a otras no, o a unas más y a otras menos. Por ejemplo, la más evidente es el ambiente, sobre todo si metemos en él todas esas variables.
    Y ahora me voy al artículo sobre el clima.
    Abrazos cardíacos.

  13. Miguel Ángel:

    También de acuerdo, la influencia del ambiente es determinante. Algunos de los mejores ejemplos de longevidad los hemos encontrado en ambientes muy fríos, como el Ártico, ballenas boreales que pueden vivir 300 años y tiburones que viven más de 400.
    Pero los abrazos, calurosos.

  14. tomás:

    ¡Caramba! No lo sabía: 300 unas y 400 otros. ¡Qué barbaridad! ¿Y qué hay de estos animales que crecen durante toda su vida? Creo que hay serpientes entre ellos, seguro que tortugas y no sé si tiburones.
    Gracias por los calurosos abrazos, que no vienen mal en este invierno, aunque por mi zona no podemos quejarnos a pesar de que los sudamericanos se quejan siempre por frío, hasta en verano.

  15. Miguel Ángel:

    Efectivamente, algunos animales no dejan de crecer. El cruce de león y tigresa origina un felino gigante que no deja de crecer hasta que muere, pero si se aparean una leona con un tigre, el resultado es un felino más pequeño. Aquí explican la razón y también hablan un poco sobre algo que te conté hace unos años y que te llamo bastante la atención. Me refiero a los hipotéticos jabalís gigantes que se cazan en EEUU. pero que resultan ser cerdos. Te va a impresionar la foto:

    https://www.youtube.com/watch?v=nPDREEKl3uc

    El fenotipo de los cerdos cambia muy rápidamente si escapan a la naturaleza: enseguida empiezan a desarrollar un hocico hacia arriba, más pelo y otros rasgos. De modo que en solo un par de años el simpático cerdo de granja se ha convertido en un formidable animal con apariencia de jabalí.

  16. Miguel Ángel:

    …pero mejor “jabalíes”, ¡contra!

    Y muchos abrazos, mi querido Tomás.

  17. tomás:

    No hay problema, querido Miguel: jabalís y jabalíes son palabras sinagogas. Es por el chiste ese que dice uno: <>. <>, contesta el otro. <>, se defiende el primero.
    Muchos abrazos sincrónicos.

  18. tomás:

    ¡Vaya, se han comido el diálogo! Uno dice: La Gran Vía estaba hoy intransigente/ Querrás decir intransitable/ Bueno, son palabras sinagogas.

  19. tomás:

    Ciertamente son animales asombrosamente grandes los del enlace.

  20. Miguel Ángel:

    ¡Je, je, je!, muchas gracias por echarme ese capote. Ahora ya me quedo más tranquilo sabiendo que son sinagogas.

    Salom!

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