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El permafrost superficial podría desaparecer para 2100

Área: Medio ambiente — Domingo, 15 de Enero de 2006

Foto
Áreas de permafrost en los años noventa (azul claro) y para el 2100 (azul oscuro) según el modelo climático. Foto: David Lawrence.

Según todos los datos el permafrost, la capa de suelo permanentemente helado de las regiones árticas, continúa disminuyendo. Este permafrost cubre una proporción muy apreciable de la tierra emergida del hemisferio Norte y desaparece día a día debido al cambio climático. Según un modelo podría desaparecer totalmente en unos cien años.
David Lawrence del National Center for Atmospheric Research en Colorado predice que el permafrost superficial a unos cuatro metros de la superficie desaparecerá a lo largo del presente siglo, aunque el permafrost más profundo permanecerá sin alterar por mucho más tiempo.
En la investigación se ha utilizado un modelo que tiene en cuenta los efectos de la atmósfera, la tierra, océanos, la capa de hielo flotante y el suelo en sí mismo. Han estudiado cómo el permafrost reacciona frente a los gases de efecto invernadero partiendo de la concentración actual de 350 partes por millón hasta alcanzar diversas concentraciones en la atmósfera para el año 2100, concretamente a 700 partes por millón (al ritmo actual), a 550 ppm (si desarrollamos tecnología de bajas emisiones) y a 810 ppm (el peor escenario posible).
Para el último caso el permafrost pasaría de más de 10 millones de kilómetros cuadrados a sólo 1 millón para el año 2100. Incluso para el mejor caso estudiado no llegaría a 4 millones de kilómetros cuadrados hacia ese año.
Por tanto, el impacto ecológico va a ser enorme en cualquier caso. Ahora mismo ya hay problemas de desestabilización de edificios y carreteras, así como de “bosque borrachos” en los que los árboles no pueden mantener la verticalidad. Las rutas migratorias de animales como renos y similares se han visto afectadas. Es de esperar que todo esto empeore en regiones como Alaska, Liberia y Canadá en el futuro.
Ahora los ríos llevan un 7% más de agua dulce al océano que en los años treinta y según el modelo podría alcanzar un aumento del 28%. Esta agua dulce, al no ser retenida en el permafrost, tendrá un impacto significativo en las corrientes marinas del Ártico.
Y lo peor es que el permafrost retiene entre un 20 a un 60% del carbono atrapado del planeta que sería liberado, a través principalmente de la descomposición de materia orgánica, en forma de CO2 o metano que aumentaría el efecto invernadero en un circulo vicioso.

Referencias:
– Geophysical Research Letters 32, L24401, on line diciembre 17, 2005. Versión impresa en enero de 2006.
– Web de NCAR.

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