NeoFronteras

Algunos peces reconocen caras humanas

Área: Etología,Neurología — sábado, 18 de junio de 2016

El pez arquero es capaz de reconocer las caras humanas, una habilidad que en los vertebrados se creía reservada sólo a los animales con neocórtex cerebral.

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Los peces arqueros son unos peces de agua dulce o salobre famosos por su peculiar forma de cazar. Estos peces escupen un chorro de agua por su boca por encima de la superficie del agua que alcanzar a los insectos que quieren cazar. El chorro los derriba de la rama o planta sobre la que se encuentren y caen sobre el agua. Entonces, el pez sólo tiene que comerse la presa.

Esta peculiar forma de cazar exige que el pez pueda reconocer el insecto aún estando bajo el agua, pero, además, puede ser usada por los investigadores para condicionar el comportamiento de estos peces. Así por ejemplo, los investigadores pueden colocar ciertas dianas por encima del agua que suelten comida si son alcanzadas por el chorro del pez. Al cabo de un tiempo el pez reconocerá las dianas que proporcionan comida.

El caso es que Cait Newport (University of Oxford) y sus colaboradores han realizado uno de estos experimentos con estos peces (Toxotes chatareus) en el que las dianas eran distintas caras humanas. En total usaron un grupo de 44 fotos de caras que eran presentadas por pares. Una era “conocida” y soltaba comida y la otra era “desconocida” y no lo hacía en caso de ser alcanzada por el chorro del pez arquero.

Este animal era capaz de reconocer las caras adecuadas en un 81%-86% de las ocasiones. Incluso era capaz de realizar esta tarea cuando se eliminaban de la foto características tan importantes es como la forma de la cabeza o el color.

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Del experimento se desprende que el pez arquero es capaz de reconocer caras humanas, algo que parece un tanto extraño si se media un poco, pues estos peces no necesitan esta habilidad en la Naturaleza.

Para los humanos, como animales sociales que somos, el reconocimiento de caras es importante para así poder relacionarnos con nuestros semejantes de forma rápida y apropiada. Pero reconocer caras no es sencillo, al fin y al cabo todos los rostros tienen dos ojos, una nariz una boca, etc. Las diferencias entre unas caras y otras son muy sutiles, aunque a nosotros no nos lo parezca debido a nuestra gran habilidad en reconocer diferencias en los rostros humanos. Una habilidad que no es tan efectiva cuando tratamos de distinguir las caras de los animales de una misma especie. En su día se hipotetizó que esta tarea de reconocer caras es tan difícil que sólo podría ser lograda por los primates, que tienen cerebros grandes y complejos.

Hay dos teorías rivales sobre el reconocimiento de caras. La primera sostiene que esta capacidad es innata y descansa en circuitos neocorticales y la segunda sostiene que esta habilidad es aprendida a través de la experiencia y descansa sobre la circuitería general de reconocimiento de patrones del cerebro, por lo que el reconocimiento de caras no sería distinto del reconocimiento de cualquier otra forma.

Las aves sí poseen neocórtex y supuestamente por esta razón las aves sí son capaces de reconocer las caras humanas en los experimentos que se han realizado al respecto. Algo que a la luz de de un nuevo descubrimiento según el cual las aves tienen tantas neuronas como los primates en el prosencéfalo tampoco parece tan extraño. También algunos animales domésticos saben reconocer caras humanas.

El reconocimiento de caras es algo para lo que se suponía necesaria la existencia de un neocórtex cerebral. Los peces están mucho más abajo (si es que “arriba” o “abajo” tienen un significado real) en el árbol filogenético de los vertebrados que nosotros. Nuestros antepasados eran peces, pero el cerebro moderno con su neocórtex apareció mucho más tarde, un neocórtex que los peces no tienen.

Los humanos tenemos una región especializada en el cerebro que es la que se encarga del reconocimiento facial, lo que sugiere que debe de haber algo especial en las caras. Hay personas con una condición neurológica conocida como prosopagnosia con esa parte alterada que son incapaces de distinguir unos rostros de otros, incluso las caras de sus seres queridos más cercanos. Sin embargo, estos humanos sí son capaces de distinguir otras formas.

El experimento no sólo demuestra que el pez arquero tiene una notable habilidad de discriminar patrones, sino que además proporciona pruebas de que los vertebrados que carecen de neocórtex, y que no tienen la prerrogativa evolutiva de discriminar rostros humanos, pueden de todos modos realizar esta discriminación con un alto grado de precisión.

Este pez se suma a las abejas en esta capacidad de distinguir rostros humanos sin necesidad de neocórtex.

Copyleft: atribuir con enlace a http://neofronteras.com/?p=4963

Fuentes y referencias:
Artículo original
Reconocimiento facial en las abejas
Foto de cabecera: Wikipedia.
Foto posterior: Cait Newport, Guy Wallis, Yarema Reshitnyk y Ulrike E. Siebeck

Salvo que se exprese lo contrario esta obra está bajo una licencia Creative Commons.
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7 Comentarios

  1. petrus:

    Pasé algunos años en un ambiente con colmenas y el apicultor me decía en ocasiones que a él le conocían sus abejas, y lo cierto es que las manejaba a menudo sin protección alguna, y a mí me picaban con protección y todo, pues siempre había una arruga mal cerrada. Ciertamente, el apicultor iba, íbamos, en otoño e invierno a controlar las colmenas y a rellenar los recipientes con agua y miel que se les ponía para soportar la estación fría, pero ¿ Se ha comprobado esta capacidad en abejas, como insinúa el artículo ?. No sea que hasta la mosca molesta e insistente del verano lo sea porque ha acabado por reconocernos como su restaurante o proveedor preferido…

  2. Miguel Ángel:

    El enlace está debajo de la noticia, querido “petrus”. Lo que reconocieron fueron imágenes simuladas de caras hechas con puntos y rayas (por ejemplo: los ojos eran dos puntos).

    Abracetes.

  3. NeoFronteras:

    En le caso de las abejas, además de caras simbólicas también había fotos, tal y como se puede ver el articulo:

    http://d3e3jwjal5zk9x.cloudfront.net/content/jexbio/213/4/593/F6.large.jpg?width=800&height=600&carousel=1

    En el caso de estos peces en el propio artículo se pueden ver también algunos ejemplos de las caras usadas:

    http://www.nature.com/article-assets/npg/srep/2016/160607/srep27523/images_hires/m685/srep27523-f1.jpg

  4. NeoFronteras:

    Bueno, quizás sea mejor añadirlo a la noticia.

  5. Tomás:

    Me parece interesante comentar la capacidad de estos peces para superar la refracción, es decir el cambio de dirección de la luz, al pasar del aire al agua, por lo que han de apuntar en su disparo a un lugar distinto del que ven para alcanzar su objetivo. En cierto modo -aunque me parece superior- lo mismo que le sucede al hombre que con una lanza quiere atravesar un pez: si apunta donde lo ve nunca le dará, así que nuestros predecesores que pescaron peces del tamaño de un arenque, hubieron de ser muy hábiles y experimentados.

  6. Miguel Ángel:

    Pues muchas gracias por la aclaración, querido Neo. Supongo que con las imágenes se trata de evitar la posibilidad de que los olores influyan en las respuestas.

  7. Miguel Ángel:

    En cuanto al debate sobre si la capacidad para reconocer rostros es innata o adquirida, hay un número considerable de personas que tienen dificultad para diferenciar rostros de individuos de otras razas, y esto parece apoyar que sea adquirida.
    Se podría incluso zanjar el debate y decir que la percepción de las formas es siempre adquirida, si atendemos al hecho de que los fetos no nacen con una visión como la de los adultos (solo son capaces de percibir formas desordenadas). Con el paso del tiempo, el cerebro las va ordenando, dándoles coherencia y ajustando patrones. Esto mismo, se ha documentado en ciegos que han empezado a ver después de una intervención quirúrgica.
    Lo mismo ocurre con el movimiento de los objetos: si lanzamos una pelota fuerte a un niño de 2 años podremos comprobar que es incapaz de seguir la trayectoria o atraparla si va dirigida a él, a pesar de que su visión ya está acoplada. En realidad la pelota va demasiado deprisa tanto para el cerebro del niño como para el cerebro de un adulto, entonces, ¿por qué los adultos conseguimos atrapar la pelota?: la respuesta es que el cerebro del adulto se anticipa y predice el movimiento que va a seguir el objeto basándose en multitud de experiencias anteriores, o sea, es un proceso que requiere aprendizaje.

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