NeoFronteras

Decisiones morales dependientes de dos regiones cerebrales

Área: Neurología — jueves, 22 de mayo de 2008

Las decisiones morales en las que se debe de sopesar la desigualdad y el bien común están controladas principalmente por dos áreas cerebrales distintas.

Foto
Actividad en el putamen (izquierda) y en la ínsula (derecha). Foto: M. Hsu, C. Anen, and S. R. Quartz, Science Express.

Imagine que tiene que donar comida a un orfanato de Uganda, pero debido a circunstancias fuera de su control, se ve forzado a elegir entre dos duras opciones: o bien dar a algunos niños suficiente comida para calmar su hambre durante varios días y dejar a los demás hambrientos, o bien distribuir equitativamente a cada uno una pequeña cantidad de comida que solamente les sacie el hambre por unas horas.
Un estudio publicado recientemente en Science es uno de los primeros en investigar cómo el cerebro se debate en las disyuntivas morales en las que se debe de sacrificar una cosa por otra.
Ming Hsu, economista de University of Illinois Urbana-Champaign y sus colaboradores Cédric Anen y Steven Quartz del California Institute of Technology en Pasadena (California) usaron un sistema de imagen por resonancia magnética nuclear (RMN) para explorar la actividad cerebral de 26 voluntarios mientras resolvían una variación de este problema del orfanato.
Los investigadores comunicaron a los sujetos que se habría arreglado una donación de 24 raciones de comida para los 60 niños de un orfanato real en Uganda, pero que algunas de las raciones de comida no serían suministradas a algunos niños.
Los voluntarios tenían que tomar decisiones entre los diversos pares de opciones que se mostraban en la pantalla del ordenador. Una opción era no suministrar a uno de los niños un determinado número de comidas o bien repartir la pérdida entre otros dos. Así los voluntarios tenían que elegir entre no dar 15 comidas al niño A o no dar 7 y 8 raciones de comida a los niños B y C.
Como al principio el número de comidas menos era el mismo en ambas opciones la gente casi siempre eligió compartir la pérdida entre los dos niños, pero según el número de comidas retiradas a los dos niños aumentaba, por ejemplo mantener las 15 menos de A y quitar 9 a cada uno de los niños B y C, la gente tendía a cambiar de táctica.
La estrategia adoptada por los voluntarios trataba por tanto de minimizar el impacto. El hallazgo sugiere que la gente se esfuerza por evitar la desigualdad, pero por encima de un punto la maximización del bien común comienza a ser importante, y ambos factores compiten en la toma de decisiones.
Las imágenes de RMN proporciona pistas de cómo estos factores pueden estar codificados en el cerebro. La ínsula, región ligada al procesamiento de emociones, estaba más activa en sujetos que consideraron una distribución de comida más desigual, además también estaba más activa en los sujetos cuyas elecciones sugerían una aversión a la desigualdad por encima del promedio. La actividad del putamen parecía seguir el bien común, aumentando proporcionalmente al número total de comidas que podrían ser donadas para un caso dado.
Al final del estudio los investigadores donaron al orfanato un equivalente de 2279 dólares correspondientes a las comidas virtuales donadas por los voluntarios del experimento.
Según otros investigadores la importancia del artículo es que sus autores fueron capaces de asilar dos diferentes motivaciones morales e investigar cómo se representan en el cerebro. Los sujetos se las tenían que ver para mantener un equilibrio entre evitar la desigualdad y maximizar el bien común. Sería interesante estudiar cómo este equilibrio se ve afectado por la cultura a la que pertenezca el sujeto en la que quizás se sopese de diferente manera desigualdad y bien común.
Hsu planea comprobar esta hipótesis con diversos experimentos con voluntarios de Asia, Europa y América.

Fuentes y referencias:
Noticia en Science.
Artículo original (resumen).
The Roots of Morality (no abierto).

Salvo que se exprese lo contrario esta obra está bajo una licencia Creative Commons.
Compartir »

2 Comentarios

  1. lluís:

    ¿Tenemos un cerebro moral? No sé, pero se me hace difícil conciliar la idea de que nuestro propio origen se asiente sobre conductas depredadoras, basadas en una carrera armamentística evolutiva con la idea de que poseemos un «cerebro moral». Por otro lado, ¿tan potente es la cultura-el entorno cultural-, como para moldear fisiológicamente cerebros según determinados valores que nos son inculcados en los procesos de aprendizaje social? ¿O ese aprendizaje social no seria más que una especie de capa de barniz que salta a la primera de cambio?
    Pongo un ejemplo: recuerdo el caso de un chico que por causa de un accidente estuvo en coma profundo y al borde la muerte. Lo superó, pero su comportamiento varió hasta tal punto que no tenia ningún inconveniente en pasearse desnudo por su casa, aún en presencia de sus propios padres y hermanas, e incluso invitados a los que no conocía de nada. Ir desnudo para él era (y es) lo más normal del mundo.

  2. NeoFronteras:

    Hay características culturales y características biológicas. Aunque se creía que las últimas eran casi las únicas, poco a poco se descubre que las primeras son predominantes.
    En este caso no habría que confundir ética o moral con «moralina». Que la gente se encuentre desnuda no afecta nada más que culturalmente. Hay comunidades en las que sus miembros van desnudos y no les pasa nada a los observadores. también hay playas nudistas o vestuarios de gimnasios. Sin embargo, a nadie (salvo psicópatas) le gusta matar. Son precisamente los militares que han participado en conflictos los más reticentes a comenzarlos. Es de suponer que es algo a lo que un hombre normal nunca se acostumbra, porque de algún modo hay algo en nuestro cerebro que nos dice que está mal. Si no fuese así nos habríamos matado unos a otros hace tiempo. Aunque tampoco somos buenos por naturaleza. En este caso probablemente se haya seleccionado un equilibrio entre el egoísmo asesino y el respeto por la especie. Aunque esto no son más que especulaciones.
    Ahora bien, en el caso del joven que salió del coma probablemente se le quedó afectada la parte del cerebro que controla las inhibiciones. De la misma manera que el alcohol y otras sustancias también lo hacen.
    Si le interesa este tipo de temas desde aquí recomendamos los libros de Oliver Sacks, sobre todo «El hombre que confundió a su mujer con un sombrero» y «Un antropólogo en Marte».

RSS feed for comments on this post.

Lo sentimos, esta noticia está ya cerrada a comentarios.