Moscas, olores e isótopos
Comprueban con moscas de la fruta y variantes deuteradas de ciertas moléculas que en el sentido del olfato están implicados los modos vibracionales de las moléculas.
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Probablemente el primer sentido en ser desarrollado, el primer mecanismo mediante el cual un ser vivo recibía información del mundo exterior, fue el sentido del olfato. Se trataba de saber la composición química del entorno.
Muchos animales desarrollaron después este sentido, incluyendo los mamíferos a los que pertenecemos. Incluso nuestras capacidades intelectuales más elevadas surgieron a partir de la evolución de ciertas partes del cerebro que en un principio estaban pensadas para el procesamiento de la información olfativa.
El ser humano no tiene el olfato tan atrofiado como cabría pensar. Si pegamos la nariz al suelo podemos incluso seguir un rastro casi tan bien como un perro sabueso. Un 3% de nuestro genoma corresponden a genes destinados a detectar distintos olores. Aunque muchos de ellos no son ya funcionales, pues han mutado a formas en las que no realizan su tarea. No han sido reparados por la evolución porque, a diferencia de otros mamíferos, nosotros dependemos más del sentido de la vista que del olfato. No obstante, es difícil no dejarse llevar por la imaginación y suponer la existencia de un humano transgénico con todos sus receptores olfativos funcionales. O dejarse llevar por el poder de evocación de los olores al igual que le pasó a Proust. (leer más…)